Testimonio de Alfonso Echeverri, productor de La Casa Grande

Alfonso Echeverri, productor de La Casa Grande.

Alfonso Echeverri, colombiano que vive en Ecuador desde 1987 y productor de La Casa Grande.

«Soy colombiano; salí de Cali por la violencia contra los docentes, a finales de 1987. Soy un educador errante que ha tenido que aprender a la brava qué es abandonar su patria y buscar refugio en otra nación. Sé que debo escribir la palabra GRACIAS por los 26 años que he vivido en este país, al que conozco mejor que mi Colombia. Creo y siento que tengo dos patrias. Y más que a título personal, doy las GRACIAS a mi Ecuador por darle albergue a más de 55.000 compatriotas que han recibido asilo oficial.

Ecuador es líder continental en asilar a personas perseguidas por alguna forma de violencia. Y jurídicamente, es el país que más asume el sentido esencialmente humanitario que tiene el asilo. Dar refugio es abrirle las puertas de la Casa Grande a quienes sienten sobre sí persecución y violación de sus derechos humanos. Ecuador ha defendido la vida de miles de compatriotas de Colombia. Mi Ecuador ha dado también refugio a miles de hermanas y hermanos perseguidos cuando en América Latina gobernaron las tiranías militares.

Uno de los factores fuertes que se siente al dejar la patria es el desarraigo. Más fuerte que la nostalgia, el desarraigo te limita a actuar, porque no tienes «terreno», no hay un «territorio» propio. Es difícil entenderlo. Pero en esa crisis de desarraigo aparece una luz: la Tierra es de todas y todos los seres humanos, es un don de Dios, un bien comunitario. Rompes así un esquema de «propiedad privada patriarcal», y se esfuman las fronteras y aparece el Ser Humano acogido por la Tierra. Y podemos comenzar a hablar de una materia, más que de patrias.

He recorrido prácticamente todo el Ecuador. Es un país rico, con un porcentaje alto de virginidad privilegiada en términos de territorio. Humanamente, es una sociedad que se comienza a construir bajo la fuerza de otras identidades y otros protagonismos, muy diferentes a esa América Latina de los 60s que iba de la mano con el genocidio para poder alcanzar el progreso.

Hoy hay un Ecuador con nuevos valores. Está naciendo una nueva conciencia en la comunidad ecuatoriana. La Mujer forma parte de este cambio. La Iglesia viva y activa también participa de este nuevo sentir nacional: una nueva nación, camino al desarrollo, orientada por una autoestima y una responsabilidad renovadora.

Ese nuevo Ecuador es el que alberga a gente de todo el mundo. Las y los ecuatorianos son conscientes de que otorgar refugio es un acto humano, cristiano por naturaleza. Y quienes hemos recibo ese refugio, agradecemos de corazón el permitirnos re-encontrar una Tierra prometida. Aquí viviremos, cuidando la Vida. Gracias, mi solidario Ecuador».

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