Francisco Beltrán

Francisco Beltrán

Soy Francisco Gabriel Beltrán Iza. Tengo 20 años y durante el 2013 fui voluntario en Cáritas, apoyando técnicamente al Dpto. de Comunicación: redes sociales, sitio web y producción técnica del programa radial La Casa Grande. Durante mi voluntariado, la Pastoral me capacitó con un curso avanzado de fotografía, algo que me gusta mucho.

Me hice voluntario de la manera más casual: estaba metido en facebook y me encontré allí con Valeria Salazar, amiga mía desde hace dos años y compañera de estudio en el Instituto. Ella me invitó a ser voluntario en su departamento de Comunicación; fui, me gustó y me quedé. Ahora estoy trabajando como técnico, con más responsabilidad y mayor campo de acción.

Ser voluntario es una labor que implica el amor y la entrega sin esperar nada a cambio. Estos dos valores son intrínsecos al ser humano y se hacen realidad cuando ayudas a quienes más lo necesitan. Ser voluntario implica mucho compromiso: no es cosa de ir y ya, sino que hay que adentrarse en la vida de quienes más requieren apoyo. Y, sobre todo, respetar su dignidad: para mí, la dignidad es más importante que la misma felicidad, porque con dignidad hasta la tristeza puede soportarse.

Es curioso: siempre me ha tocado trabajar con personas mucho mayores que yo, pero aprovecho y aprendo de ellas. Yo intento dar algo de lo poco que sé y recibir de estas personas lo más que me puedan dar: su valiosa experiencia. Ya me acostumbré a ser el menor, y me siento muy bien.

También he capacitado jóvenes; me gusta hacerlo y es una oportunidad para dar a conocer las redes sociales, nuevos elementos humanos y adentrarse más en la comunicación. Cuando capacito, siempre quiero enfocar el tema ético; así lo hice en el taller de radio en Loja. Me es fácil hablar de temas éticos, por el valor humano que implica la ética.

Las actuales herramientas de comunicación fueron hechas para unirnos, pero desgraciadamente nos han individualizado mucho, nos ha separado Yo creo que en estas nuevas generaciones, en las que me incluyo, hay la esperanza de un cambio en cuanto a temas como violencia, corrupción y avaricia. Las generaciones van dejando sus precedentes y, al mismo tiempo, van creando antivalores. Hay que rescatar al ser humano que todos tenemos y hemos olvidado.

Más allá de los talleres, lo que más valoro es la manera de acompañar a esas jóvenes personas, darles algo de mí y recibir de ellos, porque esta interacción sana es la base del crecimiento humano. Participar en estos talleres les va a servir a estos jóvenes como herramientas para hacer de este mundo un lugar mejor.

Yo invito a todas y todos a que, en donde puedan –no solo en Cáritas–, den su aporte como voluntarios y así desarrollen ese valor humano que es la solidaridad. Buscar espacios en donde puedan dar a quienes más lo necesitan. Ese es el corazón verdadero del voluntariado: dar sin nada a cambio, y lo mejor es que se recibe mucho: ese es un regalo inmenso para el alma y el corazón.

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