Antes de finalizar la Semana Mayor, Su Santidad volvió a recomendarnos ser misericordiosos. La misericordia es uno de los conceptos más profundos y humanos de nuestra fe. “Donde no hay misericordia, no hay justicia, y tantas veces hoy el Pueblo de Dios sufre un juicio sin misericordia”.

El enfoque papal de la misericordia hace un recorrido por las tres iglesias, tomando la alegoría de las tres mujeres: una mujer inocente, una mujer pecadora y una mujer necesitada; ellas representan a una Iglesia Santa, a una Iglesia pecadora y a una Iglesia necesitada.

Las tres mujeres son llevadas ante los jueces, pero estos jueces son rígidos y tienen una doble vida: son malos y corruptos y “… tenían adentro del corazón la corrupción de la rigidez”, al igual que los escribas y fariseos. “Pero estos no eran santos, eran corruptos, corruptos porque una rigidez de ese tipo sólo puede ir adelante en una doble vida y estos que condenaban a estas  mujeres, después iban a buscarlas, por detrás, a escondidas, para divertirse un poco».

«Los rígidos son –uso el adjetivo que Jesús les daba a ellos– hipócritas: tienen doble vida. Aquellos que juzgan, pensemos en la Iglesia –las tres mujeres son figuras alegóricas de la Iglesia– aquellos que juzgan la Iglesia con rigidez, tienen doble vida. Con la rigidez ni siquiera se puede respirar”.

El Papa comprende por qué, en muchas ocasiones, el pueblo de Dios no ha encontrado la misericordia: es la corrupción la que impide encontrar el camino correcto de la misericordia. Así aparecen los que especulan, los que, sin temer a Dios, no se preocupan por los demás, no les importa nada, solo le dan importancia a sí mismos. “Era  un especulador, un juez que con su profesión de juzgar hacía negocios”. Cegado por el dinero y la vanidad, estaba corrupto (…) Estos jueces, el especulador, los viciosos y los rígidos, “no conocían una palabra, no conocían lo que era la misericordia”:

“La corrupción los llevaba lejos de entender la misericordia, el ser misericordiosos. Y la Biblia nos dice que en la misericordia está precisamente el justo juicio. Y las tres  mujeres –la santa, la pecadora y la necesitada, figuras alegóricas de la Iglesia– sufren de esta falta de misericordia. También hoy, el Pueblo de Dios, cuando encuentra a estos jueces, sufre un juicio sin misericordia, sea civil, o eclesiástico. Y donde no hay misericordia, no hay justicia. Cuando el Pueblo de Dios se acerca voluntariamente para pedir perdón, para ser juzgado, cuántas veces, cuántas veces encuentra a alguno de estos jueces”.

 Tres actitudes negativas, muy comunes en nuestros días: explotar al otro, especular con sus necesidades y ser rígidos al juzgar y castigar. “Esto se llama falta de misericordia. Sólo querría decir una de las palabras más bellas del Evangelio que a mí me conmueve tanto: ‘¿Ninguno te ha condenado?’ –‘No, ninguno, Señor’– ‘Tampoco yo te condeno’. No te condeno: una de las palabras más bellas porque está llena de misericordia”.

La misericordia es la capacidad –la actitud consciente y libre– de no juzgar a los demás y sentir por ellos. Muy unida a la compasión, la misericordia es la acción por el otro, por la hermana necesitada, por el menos favorecido, por quien se ha equivocado.

La acción misericordiosa es la esencia de Cáritas, es la obra diaria y generosa de la Iglesia ante el dolor del prójimo. Terminada la Semana Santa, mantengamos la acción misericordiosa ante el que sufre; este es el camino correcto para ser justos. Solo así podremos construir el Reino de Dios en la Tierra.

Fuente: Radio Vaticano (María Fernanda Bernasconi)

Imagen: www.aciprensa.com

CategoryPapa Francisco
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