Mañana 23 de mayo se celebrará la beatificación de Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), llamado por los salvadoreños “el Santo de los pobres”. La ceremonia contará con la asistencia de más de 200 Obispos, 1.200 sacerdotes y aproximadamente 300.000 fieles. La beatificación será presidida por el enviado oficial del Sumo Pontífice y el Vaticano, el Cardenal Àngelo Amato.

Asesinado en plena santa misa de un disparo en el corazón, Mons. Romero es la imagen actual de un mártir; su lucha por los derechos humanos y la defensa de los pobres provocó el vil magnicidio. Sus denuncias y su solidaridad con las víctimas de la violencia política que arrasaba la paz en El Salvador son hoy un ejemplo de compromiso y entrega por quienes sufren.

En 1977, en una de sus homilías, Mons. Romero pronunció estas palabras: “La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres”. Casi 40 años después, es el Papa Francisco quien levanta la misma bandera en contra de la inequidad, la indiferencia globalizada y la ciega entrega al dios dinero.

La solicitud para la canonización de Mons. Romero fue presentada en 1994. Luego de ser declarado Siervo de Dios, mañana será beatificado oficialmente. En febrero de este año, Mons. Oscar Arnulfo fue reconocido como mártir “por odio a la fe” al aprobar el Papa Francisco el decreto de su martirio y ser promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos.

Mons. Romero ha sido adoptado por los pobres de América como su “Santo de los pobres”, pero también ha recibido el reconocimiento de otras organizaciones religiosas cristianas, como la Comunión Anglicana, que lo ha incluido en su santoral; fue nominado al Premio Nobel de la Paz (1979) por el Parlamento británico y es uno de los diez mártires del siglo XX, estando presente su estatua en la Abadía de Westminster, en Londres. El Obispo Romero será el primer salvadoreño elevado a los altares, y el primero Obispo mártir de América.

La guerra civil que desangró a El Salvador y a la que se opuso frontal y valientemente Mons. Òscar Arnulfo, produjo más de un millón de refugiados, 70.000 muertes y más de 8.000 desaparecidos. Y no fue el Obispo de El Salvador la única víctima sufrida por la Iglesia: en 1989 fueron asesinados por el ejército salvadoreño seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras laicas que estaban con ellos; los hechos ocurrieron en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (por esta razón, a las víctimas se les llama “los mártires de la UCA”). Una paradoja triste: el presidente de El Salvador, en ese entonces, era Alfredo Cristiani.

El asesinato sacrílego de Mons. Romero ha generado una ferviente admiración y reconocimiento en todo el mundo. Ahora, que su entrega a los pobres y su martirio por ellos está en los altares, la prioridad de la Iglesia por los pobres es más fuerte e irrenunciable que nunca. Mons. Oscar Arnulfo, usted es un ejemplo viviente para Cáritas, para toda la Iglesia y para todas y todos los que creen en la dignidad humana y en la justicia social.

Write a comment:

*

Your email address will not be published.

Síguenos en: