El Día Mundial del Trabajo nos lleva a una reflexión sobre la razón y sentido del ser humano en la Tierra. El ganarse el pan con el sudor de la frente relaciona la vida humana con el trabajo. Durante siglos, el trabajo humano ha pasado de la esclavitud a la exclusión. Millones de personas en el mundo viven sin un trabajo digno, bien remunerado y con seguridades sociales. Se han globalizado la indiferencia y la desigualdad, porque impera el dios dinero.

A finales de octubre del año pasado, el Papa Francisco fue anfitrión, en el Vaticano, de un evento inédito: el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares; el mensaje papal al mundo fue claro. Tenemos que luchar contra “…las causas estructurales de la pobreza, de la desigualdad, de la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar a los destructivos efectos del imperio del dinero”, nos pide el Papa.

»Hoy, al fenómeno de la explotación y de la opresión se suma una nueva dimensión, un matiz gráfico y duro de la injusticia social; los que no pueden ser integrados, los excluidos son restos que hay que desechar. Ésta es la cultura del descarte (…) Eso ocurre cuando en el centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana”.

Para el Papa, “… en el centro de todo sistema social o económico tiene que estar la persona, imagen de Dios, creada para que fuese el denominador del universo. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero ocurre esa inversión de valores» afirmó el Pontífice en este Encuentro Mundial con los Movimientos Populares.

Sobre el desempleo y el subempleo, el Papa Francisco expresó que »… todo trabajador, esté o no esté en el sistema formal de trabajo asalariado, tiene derecho a una remuneración digna, a seguridad social y a una cobertura previsional. Hay catadores, recicladores, vendedores ambulantes, costureros, artesanos, pescadores, campesinos, albañiles, mineros, obreros de empresas recuperadas, todo tipo de cooperativistas y trabajadores de oficios populares que están excluidos de los derechos laborales, que tienen negada la posibilidad de sindicalizarse, que no tienen un ingreso adecuado y estable. Hoy, quiero unir mi voz a las suyas y acompañarlos en su lucha».

Para la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), el trabajo es bueno, aunque requiere esfuerzos, y quien no se esfuerce está destinado al fracaso. Según la DSI, el trabajo es “… una colaboración con Dios Padre en la mejora de la Creación (…) y una imitación de Dios Hijo, que pasó munchos años trabajando”. Debemos trabajar con una mentalidad de servicio, como forma de nuestra santificación. La laboriosidad es una virtud que nos permite “… trabajar abundantemente, con intensidad y constancia. La primera consecuencia de la laboriosidad es un trabajo bien hecho”. Para la DSI, hay motivos humanos y sobrenaturales para trabajar, y esta es la luz que nos da la Iglesia para ganarnos el pan con el sudor de la frente.

Aterrizando nuestra reflexión en el país, para la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplaes), el panorama laborar del país ha cambiado sustancialmente con la llegada del presidente Correa al poder. Avalando con cifras, Senplades  plantea que “… entre 2007 y 2014, Ecuador logró más trabajo y menos pobreza”.  Utilizando nuevas formas de clasificación, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) propone diferenciar el “empleo adecuado” del “empleo inadecuado”.

El desempleo de las personas económicamente activas (PEA) bajó del 5% al 3.8% entre el 2007 y el 2014; sin embargo, se mantiene la diferencia de género: hay más hombres con acceso al empleo adecuado que mujeres (1.8 puntos porcentuales de diferencia).

En cuanto a la distribución de la PEA, el 24,45% de las y los empleados trabaja en  labores agrícolas, ganaderas, de caza, silvicultura y pesca, mientras que el 18.89% están dedicadas al comercio; el 11.34% labora en el campo de las manufacturas (incluyendo la refinación de petróleo), el 7.43%en la construcción y el 6.82% de las ecuatorianas/os trabaja en educación, salud y servicios sociales.

En la actualidad, y según el INEC, sólo el 3.8% de las PEA de Ecuador está desempleada. Finalmente, el 17.6% de las y los trabajadores lo hacen en el sector público y el 83.3% restante presta su fuerza laboral en el sector privado.

Más allá de las marchas y contramarchas del 1º de Mayo de este 2015 en Ecuador, trascendamos laboralmente y, en forma solidaria y cristiana, unamos nuestra fuerza de trabajo y nuestro esfuerzo diario para construir el Reino de Dios en esta Tierra bendita.

Que el Señor bendiga a todas y todos los que ganamos el pan con nuestro trabajo diario.

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