Este es el mensaje que nos deja el papa Francisco en la misa celebrada ayer 16 de junio. Su Santidad dedicó su homilía a reflexionar sobre la auténtica caridad y pobreza cristiana. La ayuda a los pobres debe ir más allá de la simple solidaridad.

“Cuando nosotros ayudamos a los pobres, no hacemos cristianamente obras de beneficencia. Esto es bueno, es humano –las obras de beneficencia son cosas buenas y humanas– pero esta no es la pobreza cristiana que quiere Pablo, que predica Pablo”.

La pobreza cristiana es que yo doy de lo mío y no de lo superfluo, incluso de lo necesario al pobre, porque sé que él me enriquece. ¿Y por qué me enriquece el pobre? Porque Jesús ha dicho que Él mismo está en el pobre”.

“Cuando me despojo de algo, pero no solo de lo superfluo, para dar a un pobre, a una comunidad pobre, me enriquece. Jesús actúa en mí cuando hago esto y Jesús obra en él, para enriquecerme cuando hago esto”.

Haciendo énfasis en el carácter divino de la pobreza, el Papa nos invita a comprender la teología de la pobreza: “Por esto la pobreza está en el centro del Evangelio; no es una ideología. Es precisamente este misterio, el misterio de Cristo que se ha abajado, se ha humillado, se ha empobrecido para enriquecernos. Así se comprende por qué la primera de las Bienaventuranzas es: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’”.

“Ser pobre de espíritu es ir por este camino del Señor: la pobreza del Señor que también se abaja tanto que se hace ‘pan’ por nosotros, en este sacrificio. Sigue abajándose en la historia de la Iglesia, en el memorial de su pasión, en el memorial de su humillación, en el memorial de su abajamiento, en el memorial de su pobreza, y con este ‘pan’ Él nos enriquece”.

La reflexión papal toma como base el ejemplo que nos legó San Pablo, cuando realizó una colecta para los cristianos de Jerusalén; el Papa nos da una clara definición de la verdadera pobreza cristiana: “La pobreza está precisamente en el centro del Evangelio. Y si quitáramos la pobreza del Evangelio, no se comprendería nada del mensaje de Jesús”, y nos presenta como ejemplo la verdadera riqueza de la Iglesia de Corinto: “Son ricos en cada cosa, en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el celo y en la caridad que les hemos enseñado”.

Francisco pide a quienes más tienen: “Dado que son ricos, sean abundantes también en esta obra generosa, en esta colecta. Si tienen tanta riqueza en el corazón, esta riqueza tan grande –el celo, la caridad, la Palabra de Dios, el conocimiento de Dios– hagan que esta riqueza llegue a los bolsillos. Y ésta es una regla de oro. Cuando la fe no llega a los bolsillos, no es una fe genuina. Es una regla de oro que Pablo nos dice aquí: ‘Ustedes son ricos de tantas cosas; ahora, así, sean abundantes en esta obra generosa’”.

“Existe esta contraposición entre riqueza y pobreza (…) Ustedes que son ricos económicamente y que son ricos con tantas cosas, eran pobres sin el anuncio del Evangelio, pero han enriquecido a la Iglesia de Jerusalén, ensanchando el pueblo de Dios (…) De la pobreza viene la riqueza, es un intercambio mutuo”.

La exhortación que nos hizo el Papa ayer resalta el sentido de la primera  Bienaventuranza ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’: “Ser pobre es dejarse enriquecer por la pobreza de Cristo y no querer ser rico con otras riquezas que no sean las de Cristo”.

Fuente: Aciprensa

Foto: elmercio.com

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