Del trabajo voluntario nace la experiencia juvenil

Cuatro muchachos del Colegio San Gabriel, de Quito, que generan una experiencia digna de conocer e imitar.

Cuatro muchachos del Colegio San Gabriel, de Quito, que generan una experiencia digna de conocer e imitar.

(Quito, 14052014) Cuatro jóvenes en La Casa Grande. Cuatro voluntades, cuatro muchachos del Colegio San Gabriel, de Quito, que generan una experiencia digna de conocer e imitar. Mateo Cevallos (“el Shunguito”), que cursa 9º de básica; Tomás Vargas y Carlos Villacreses cursan 1º de bachillerato y Alexis Fernández, que está en 2º de bachillerato.

“La primer vez que trabajé con niños en la Fundación Casa Victoria, sentí algo muy raro en mi corazón. Trabajamos con ellas y ellos en las tardes, ayudándoles a hacer deberes y divirtiéndonos. Los cuatro vamos a Casa Victoria porque pertenecemos a FAS (Formación en Acción Social). Nos repartimos entre el albergue infantil y el San Juan de Dios, habitado por ancianos”, comienza

manejamos tres proyectos fijos y dos ocasionales. Con los adultos mayores les ayudamos a comer y les damos entretenimiento, porque pasan muy solos. En navidad Mateo hizo una obra de teatro, yo toqué cuatro canciones y tuvimos una linda tarde”, nos cuenta Alexis Fernández, quien siente pena porque en un año ya estará fuera del colegio, pero piensa seguir haciendo obra social cuando se gradúen.

“Personalmente me gusta más trabajar con las personas mayores, en el albergue San Juan de Dios, en el centro histórico. Mi corazón siente la necesidad que tienen los viejitos de sentir el calor que sus familias no les dan. Creo que nos corresponde a los jóvenes darles ese cariño que tanta falta les hace en sus vidas”; estas palabras son de Carlos Villacreses, que toca la batería y lee mucho, más allá de lo que les toca leer en el colegio; tal vez por eso su voz suena tan seria y aplomada, aunque él aclara que no es un “norio”.

“Nuestras actividades sociales comienzan en la tarde, al acabar las clases.  Lunes, martes, miércoles y viernes salimos para el albergue o a Casa Victoria, y terminamos a las 5 de la tarde. Nos importan las experiencias y acciones, porque de ellas es que aprendemos y estas experiencias hermosas nos llenan. Ver sonreír a un niño, o recibir las gracias de un anciano, son alimento para nuestro corazón”; estas son las impresiones iniciales que nos da Tomás Vargas, el cuarto de estos mosqueteros de la acción social.

El programa se enriqueció con la participación telefónica de Eduardo Barahona, quien coordina la acción social del Colegio San Gabriel; los chicos se emocionan con la llamada de su profe, y nosotros seguimos indagando qué es lo que mueve el corazón de estos jóvenes y sus compañeros de FAS para dar su tiempo libre en favor de quienes más necesitan.

Nosotros queremos conocer los resortes internos que, desde una conciencia joven, llevan a estos chicos a ganar experiencia, a aprender a servir, a darse, a poner en práctica la gratuidad, a asumir con una madurez especial el mensaje de Cristo reflejado en Mateo, capítulo 25: ”Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer… “.

La Casa Grande quiere conocer más de esta acción de voluntariado social, porque es así como se construye el Reino; así es como se camina y edifica. FAS, del Colegio San Gabriel, es una prueba real de que la juventud tiene corazón, y ese corazón late por los que más necesitan apoyo y compañía. Los que hacen estos chicos nos llena de alegría, porque sabemos que la Obra del Señor está en buenas manos. Por esta razón, vamos a tener otro programa con ellos, pues nos faltó tiempo, y queremos saber mucho más de sus vidas, de su voluntad, de su experiencia cristo céntrica.

1 Respuesta

  1. Joni Amparito Quezada Quiñonez

    Parece que fue ayer que estaba en pininos La Casa GRANDE, y ahora ya esta simentada adelante chicos , bello programa, saludos mi querido y estimado Alfonso saludos a todos desde Loja.

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