Al Hospital Pablo Arturo Suárez de Quito ingresó, con carácter urgente, la señora madre de Wilson Cárdenas. Ella tiene 65 años y, durante el terremoto, tropezó con una persona y le cayó encima una refrigeradora. Su fémur tiene una fractura seria, pero está en franca recuperación. He aquí su testimonio.

“Nos trajeron en un avión de la FAE. Yo no estaba con ella, me encontraba fuera de Portoviejo. No sentí muy fuerte el terremoto, porque estaba en el campo, y me he acostumbrado a los temblores. Además, aprendí a quedarme quietico en estos temblores porque pronto se calman, pero no, lo de Portoviejo y mi mamá fue serio».

«La vivienda de nosotros en Portoviejo estaba en las calles Córdova y García Moreno, en el barrio Salvador Allende; a duras penas quedaron paradas las cuatro paredes. En nuestro barrio se cayeron varios edificios y, en la esquina, hay uno que las autoridades van a tener que tumbar porque quedó muy dañado. A la vuelta de la casa murió una amiga, que le cayó un edificio encima. También falleció otro amigo, Jorge Zambrano, que fue Prefecto de Manabí: se le vino el techo encima”.

“He llamado por teléfono a la gente en Portoviejo, a mis amigos, y me dicen que no podemos regresar porque allá sigue temblando, que no volvamos todavía. Aquí, en varios hospitales de Quito, hay siquiera unas 300 personas que han traído de la Costa. Yo me voy a dedicar a apoyar a mi mamá, a cuidarla y atenderla para que se recupere pronto y, si puedo servir aquí, lo hago, pues estoy acostumbrado a apoyar sin mirar a quién”.

“A mi mamá le van a dar el pase al Hospital del Adulto Mayor, para su recuperación total. Necesita un caminador, terapia y medicinas. Yo, ahora, no tengo trabajo; hago reparaciones domésticas y me defiendo haciendo trabajitos varios, pero ahora no sé qué va a pasar».

«Aquí estamos bien, es un hospital muy limpio, con muy buena atención, nos han tratado muy bien, estoy muy agradecido. La doctora comprende que mi mamá no puede levantarse ni moverse y me deja estar con ella todo el tiempo que puedo, para socorrerla. Estoy muy agradecido”.

“Si me ayudan más, bueno, yo recibo lo que me den. Aquí tengo a una persona que nos está ayudando, pero yo pienso más bien en poder ayudar y ver cómo regreso. Como hermano mayor estoy acostumbrado a ayudar, siempre me ha gustado ser solidario con quienes tienen necesidades. Si puedo apoyar aquí en el hospital, estoy listo”.

El testimonio de Wilson termina con un llamado a todas y todos los ecuatorianos: “Les pido a los ecuatorianos no perder la fe y la calma. Lo que viene, sabrá Dios. Tenemos que resignarnos, pues nacemos para crecer, tener hijos y morir. No podemos recriminarle nada a Dios, Él sabe lo que hace».

«También le pido a la gente que no saquee tiendas y almacenes, que mejor pida; que detrás de estos saqueos hay gente que se aprovecha de los momentos difíciles. Les pido que superemos esta situación uniéndonos, ayudándonos los unos a los otros, a ver si somos capaces de salir adelante de abajo para arriba”.

Nosotros agradecemos el testimonio de Wilson y oramos por la pronta recuperación de su madre y de todas las personas heridas por el terremoto de este 16 de abril. La solidaridad y la misericordia son, para las y los cristianos, la mejor forma de acariciar a un pueblo que hoy necesita amor y consuelo.

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