La Amazonía, una región tropical presente en nueve países de América Latina (Brasil, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Surinam, Guyana y Guyana Francesa). En este territorio coexisten especies vegetales y animales únicas en el mundo, junto a más de 380 pueblos indígenas, y otros 140 en aislamiento voluntario.

Actualmente este territorio se encuentra amenazado por intereses económicos y extractivos, debido en gran medida a que toda esta extensión de selvas y ríos es particularmente rica en recursos mineros, petrolíferos, agrarios, madereros e incluso hídricos.

La falta de normativas y control sobre las actividades extractivas ha derivado en la vulneración de derechos de muchos de los pueblos que habitan un territorio que cada ves se reduce más. Esta situación ha llamado la atención de muchas organizaciones defensoras de derechos humanos, pero también de la Iglesia Católica. El papa Francisco, preocupado por la situación actual de la esta región, ha convocado al Sínodo para la Amazonía con la intención de que la Iglesia sea parte fundamental en la protección del territorio amazónico.

Monseñor Julio Parrilla, obispo de Riobamba y presidente de Cáritas Ecuador, nos habla de la importancia de este Sínodo y del rol de la Iglesia en el cuidado del medio ambiente.

¿Cuál es la importancia de un Sínodo para la Iglesia Católica?

La dimensión sinodal es una de las grandes dimensiones de la Iglesia, es decir, todo lo que significa dialogar, compartir, aportar. Es una asamblea en el fondo, que es de los obispos y que está presidida por el Santo Padre. Quiere decir que es una de las organizaciones de participación en la vida de la Iglesia más cercana a un Concilio (reunión de obispos que se lleva a cabo con el objetivo de tratar algún asunto de interés para la Iglesia).

Los sínodos pueden ser generales en temas que afectan a toda la Iglesia, pero también pueden ser parciales en el sentido de que se puede hacer un sínodo en el ámbito de una diócesis: un sínodo diocesano donde el obispo reúne y consulta a todos los estamento de participación de la vida de la iglesia, o puede ser en una región mundial o puede ser para un tema específico como por ejemplo el Sínodo sobre la Amazonía.

Y de eso es de lo que vamos a hablar, ¿qué está pasando en la Amazonía para que el Papa haya propuesto este Sínodo?

La Iglesia se siente responsable del cuidado de la Creación y del cuidado, de lo que el Santo Padre llama, la Casa Común (en su carta encíclica Laudato Si), porque este planeta es la casa de todos y hoy no podemos decir que lo que pasa en Rusia o China no afecta a Latinoamérica. Claro que afecta.

Hay hoy en el mundo dos grandes pulmones, uno es la cuenca del Congo, que reúne tantas especies, tanta agua, tanto oxígeno que es fundamental para el mundo, pero otro de los pulmones es —precisamente— la Amazonía. Basta ver el mapa de la Amazonía que abarca a un buen número de países, unos siete u ocho. Ecuador también es país amazónico.

Solo un dos por ciento de la Amazonía le pertenece a Ecuador, pero un dos por ciento es muy significativo. Es necesario cuidar estos dos grandes pulmones, pero es también necesario cuidar todo el planeta. En el último encuentro mundial sobre el clima, que fue en París hace unos años, quedaron en evidencia muchos de los problemas que hoy afectan al planeta, todo el tema del calentamiento global, eso es un tema muy serio, así como lo que pasa con la capa de ozono, así como la deforestación tan fuerte que hoy se está dando en muchas áreas que acaba siendo desertificación. El problema del agua; dicen los expertos que así como hoy el petróleo es causa de tantas guerras, el día de mañana el agua también será causa de tantas guerras, porque el agua es el líquido vital, y eso lo vivimos no sólo a nivel planetario sino también en nuestro país y yo personalmente lo vivo a veces con un cierto dramatismo en el propio Chimborazo, en la propia Riobamba. Por eso estamos defendiendo lo páramos, porque son el origen de muchas corrientes de agua de las que se nutren las comunidades no solo para el riego sino también para el uso doméstico y para el consumo del agua.

Son temas muy importantes, pero hay un tema dentro de este que es especialmente sensible y ante el cual la Iglesia tienen una gran sensibilidad que es la defensa de las etnias y de las comunidades originarias.

De esa parte también quería hablar, porque históricamente, cuando la Iglesia llegó a estos territorios los pueblos sintieron que la Iglesia les quitó mucho de su identidad, pero ahora ha habido un cambio y se ve que la Iglesia está acompañando procesos de lucha y de supervivencia de estos pueblos.

No hay que olvidar que la Iglesia llegó a América Latina de la mano del poder, es decir: el tema de la colonización y el tema de la evangelización iban de la mano, difícilmente pudiera haber sido de otra manera. O sea, si me preguntas personalmente mi parecer te lo digo con claridad, creo que sería pedirle peras al olmo.

Era imposible, en una situación social, política y económica colonizadora como la que se desarrollaba en el siglo XVI que la Iglesia pudiera vivir al margen del poder constituido, del poder “real”, que era el que colonizaba. Claro, poco a poco en la vida de la historia cada uno ha ido ocupando su sitio y la Iglesia a ido recuperando —gracias a Dios— muchísima libertad, por eso la Iglesia hoy puede ser, no solo en el tema ecológico, no solo en el tema de la defensa de las comunidades ancestrales, sino en todos los temas, una realidad profundamente crítica, porque difícilmente tú serás crítico en tu vida si no eres libre.

Impacto de las actividades mineras en la provincia de Zamora Chinchipe.

La libertad es la condición de la criticidad, y hoy —gracias a Dios— la Iglesia puede permitirse este gran lujo, de ser crítica, porque es mucho más libre y porque, evidentemente, en el desarrollo de los procesos eclesiales, pienso sobre todo desde el Concilio Vaticano II hacia acá, pues la Iglesia ha ido ocupando espacios críticos, pero espacios de apoyo a todo lo que es justicia, solidaridad, defensa de la Casa Común, etc.

Quisiera saber entonces de dónde viene esta inspiración, este cambio, este “darle la vuelta”, ¿qué inspira a la Iglesia para acompañar estos procesos?

Yo creo que ahí hay una dialéctica muy importante que es la dialéctica espíritu-historia. No hay que olvidar que la Iglesia puede ser vista por mucha gente como una entidad política, o como una entidad económica, o como una entidad de influencia social. Seguramente algo tiene de todo eso. Pero evidentemente la Iglesia tiene una identidad y lo importante es que la Iglesia a lo largo de los años ha ido recuperando —sobre todo de la mano del Concilio— una identidad propia muy importante de vuelta, en gran parte, a la radicalidad del Evangelio.

Entonces, el Espíritu Santo actúa en la Iglesia. Yo siempre recuerdo cuando fue la elección del papa Francisco, que asistimos a todas las quinielas habidas y por haber de quién iba a ser el Papa, y los periodistas, los periódicos, las revistas, las televisiones, todo el mundo decía quién iba a ser el Papa, y de pronto surge este Bergoglio al que no conocía ni su padre (hay risas). Y claro, todo mundo se extrañó y dijo: “¡pero bueno! Si este no estaba en ninguna de las quinielas. Recuerdo que entonces un periodista me preguntó sobre eso ¿y cuál fue mi respuesta? Mi respuesta fue que gracias a Dios a los Papas no los eligen los periodistas, los elige la Iglesia movida también por el Espíritu Santo. Y en este sentido hay que reconocer que la figura del Papa ha sido clave a la hora de impulsar todavía más la libertad y la crítica eclesial. Y en ese sentido la Encíclica ‘Laudato Si’ ha sido una referencia fundamental, en este siglo, de lo que significa defender la Casa Común.

No es una casualidad que, precisamente, la Encíclica fuera publicada en vísperas del encuentro de París.

La Iglesia en estos nuevos tiempos, en los que se percibe que la justicia social pasa a un segundo plano y prima el interés económico por sobre el propio cuidado de la Casa Común… ¿Qué hacer, qué hacer como católicos y cómo humanidad también?

Me parece que ahí hay niveles deferentes de respuesta. Un primer nivel es la toma de consciencia, es verdad que hoy los poderosos de este mundo se mueven fundamentalmente por el dinero y por el poder, y además los dos son primos hermanos, pero mucha, mucha gente y sobre todo mucha gente joven, como lo eres tú (me dice), son muy sensibles a los temas ecológicos, incluso en nuestro país hay una gran defensa del tema ecológico y agro-ecológico, y la Iglesia a sintonizado muy bien con ese tema.

Entonces lo primero es la toma de consciencia personal y comunitaria, colectiva. Pero también hay una toma de consciencia de tipo político. ¿Por qué? Porque al final las cosas no se resuelven aquí sentados en este banco entre tú y yo. Por mucha consciencia que tengamos y por mucho que nos haga sufrir el maltrato a la naturaleza, porque tú y yo somos dos personas comunes que no tenemos influencia política decisiva. Entonces, no solo tiene que ser un tema de toma de consciencia personal o comunitaria, tiene que ser también un tema de consciencia y de presión política. Por eso a mí me parece que sobre todo las organizaciones políticas, los partidos políticos, las autoridades de los países, tienen que entrar en un proceso auténtico de conversión a favor del cuidado del planeta y de la Casa Común.

Por eso, cuando se dan encuentros tan importantes como los encuentros mundiales del clima, pienso en Kioto, pienso en París, hay que moverse y no quedarse en casa tranquilamente sentados en el sofá viendo reportajes de National Geographic. ¡No! Los reportajes pueden ser muy bonitos y uno puede ser muy sensible a ese tipo de reportajes pero hay que salir a la calle.

Para finalizar, ¿qué esperanzas tiene para este Sínodo Amazónico?

Pues bueno, yo estoy muy contento de que el Papa haya convocado a este Sínodo porque me parece, como fruto de toda esta conversa, que realmente se trata de un problema muy real, muy real (recalca). Todo el tema de minería, mega-minería a cielo abierto sin ni siquiera respetar los propios estándares internacionales que nosotros mismos nos ponemos. Todo el tema de una extracción petrolera salvaje, todo el tema de poner el peligro tantas especies, tantos bosques y tantas comunidades y personas. Todo eso denota que esto es un problema muy serio, y no es serio sólo para nosotros los países amazónicos, es serio para todo el planeta.

Mons. Julio Parrilla.

Cuando Latinoamérica “se agripa”, estornuda Europa, porque las cosas tienen mutua influencia. Me parece que ha sido una visión muy lúcida, muy certera del Papa. Pero no solo de Él, porque el Papa recoge la sensibilidad de tanta gente en todas las partes del mundo y muy especialmente en la Amazonía. Tú sabes el papel que la REPAM (Red Eclesial Panamazónica, organización que trabaja en la defensa de los derechos de los pueblos amazónicos) está jugando, que nuestras Cáritas están jugando, que tantas organizaciones civiles y de Iglesia están jugando a la hora de querer preservar el planeta.

El Papa, lo único que hace, con la inteligencia que le caracteriza y también iluminado e impulsado por la fuerza del Espíritu, es recoger todas esas inquietudes que hoy son inquietudes fundamentales de base en la Iglesia.

Nota del escritor

El papa Francisco anunció, el día 15 de octubre de 2017, que la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos será un espacio para reflexionar sobre los “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, y que se llevará a cabo en octubre de 2019.

Estos caminos se entienden desde las acciones de la Iglesia en la región para la protección y la sensibilización de los habitantes de comunidades y zonas rurales, de ciudades y grandes metrópolis, así como de las poblaciones que habitan en las riberas de los ríos, migrantes y desplazados, y especialmente para y con los pueblos indígenas.

Haz un comentario:

*

Tu email no se publica.

Síguenos en: