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Desde 2017, Colombia registra la mayor migración externa de toda su historia. Debido a la crisis multidimensional que se registra en Venezuela, más de un millón ochocientos mil migrantes han arribado a territorio nacional. Bogotá, al ser la capital del país y epicentro donde se generan mayores oportunidades laborales, concentra en gran medida a ciudadanos venezolanos, en comparación con otras zonas del país.

En este proceso migratorio se genera una serie de demandas en materia de protección de derechos frente a las necesidades de la población, quienes solo buscan mejores oportunidades de vida y un futuro más prometedor para ellos y sus familias; lo que los conduce a sobrevivir en un difícil contexto donde predomina la falta de acceso a servicios básicos de primera necesidad como un techo, la salud y la alimentación, entre otros. Ejemplo de ello, es la historia de Víctor Carrizales, quien es uno de los más de 1’800.000 migrantes venezolanos que se encuentran en Colombia.

Víctor Carrizales Arribó a Bogotá luego de caminar durante varios días, desde Valencia (Estado de Carabobo), dejando su país producto de la fuerte crisis humanitaria que se registra y obligado a buscar un mejor futuro para él y su familia. Víctor presenta una discapacidad en su brazo izquierdo producto de un accidente de tránsito que tuvo en Venezuela, adicional a otros problemas de salud que presenta y que no pueden ser atendidos debido a su condición irregular que le impide acceder a los servicios de salud en Bogotá.

En la actualidad, esta familia reside en el barrio Las Cruces, en el centro de la capital. Allí, él vive junto con su esposa y tres de sus hijos. Las condiciones habitacionales no son las más óptimas, sin embargo, debido a la situación económica han tenido que permanecer en este lugar.

Antes de la pandemia del Covid-19, Víctor trabajaba como vendedor informal, pero con la contingencia y las medidas tomadas, Víctor quedó desempleado, por lo que comenzó a realizar labores de reciclaje junto a su esposa para poder vivir del día a día.

Con el objetivo de salvaguardar la seguridad de sus hijos, Víctor y su esposa deben llevarlos a cualquier lugar a donde van, ya que no tienen con quién más dejarlos mientras desarrollan sus actividades.

Gracias al apoyo del Programa Europana, implementado por la Fundación de Atención al Migrante – FAMIG y la Caritas Suiza, el cual a su vez es financiado por la Dirección General de Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la Unión Europea; Víctor y su familia recibieron un aporte representado en transferencias de efectivo incondicionales, con el que solventaron gastos de arriendo y alimentación.

De igual manera, gracias a las actividades que desarrolla el FAMIG y el Hogar un Corazón sin Fronteras de los Hermanos Maristas, los hijos de Víctor han podido estudiar y acceder a conocimientos básicos, mientras pueden lograr un cupo en los colegios públicos de la ciudad.

Víctor espera poder darles mejores condiciones de vida a su familia, estabilizándose en una habitación o apartamento con condiciones dignas que garanticen la seguridad y la tranquilidad de su núcleo familiar.

© Equipo de Comunicaciones Fundación de Atención al Migrante – FAMIG.
Entrevista y fotografía: Juan López.
Diciembre, 2020.

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