La Bandera de Haití. Fuente de la imagen elecuatoriano.net.

La Bandera de Haití. Fuente de la imagen elecuatoriano.net.

María José González Blanch, religiosa española Esclava del Divino Corazón es muy profunda: ella hace filosofía de lo cotidiano: “Cuando la rutina nos agota, o aparece algo en contra, el sentido de la Providencia nos va abriendo el horizonte de la vida. Viví 32 años en Manabí –con  las escuelas de Fe y Alegría– y llevo solo 4 meses en Solanda, sur de Quito. Lo de enseñar castellano a los haitianos es ocasional, pues como hablo francés, me es fácil colaborar con estas clases”.

Emanuel Pierre es haitiano; vino con el terremoto, tres años atrás. Nos hace un corto recuento de su vida: “Estoy en la Iglesia desde los 11 años; ingresé al Seminario, y el Obispo me encargó la dirección de Cáritas en mi Parroquia. Desgraciadamente, Monseñor falleció antes de que yo me ordenara como diácono. No le caí bien al nuevo Obispo, y mi madre me pidió que abandonara el sacerdocio. A los 6 meses, conseguí trabajo en República  Dominicana, en donde aprendí castellano con los Jesuitas.

“Terminado mi contrato allá –continúa Emanuel–, vine a Ecuador. Ahora no tengo un trabajo estable. Colaboro ocasionalmente con el Servicio Jesuita a Refugiados, que siempre brinda apoyo a los haitianos. Mi situación laboral ahora no es buena, pero aquí estoy, listo para servir a mis compatriotas”. Emanuel es el Representante de las y los haitianos residentes en Ecuador y tiene un programa radial en La Casa de la Cultura, dedicado a apoyar a la comunidad isleña asentada en Ecuador, visibilizándola y orientándola.

La Hna. María José analiza la situación actual de los hermanos haitianos: “El horizonte de los emigrantes haitianos es mejorar su condición laboral y afianzar su estancia aquí. Encuentran trabajos ocasionales, sobre todo en la construcción, y así se mantienen. No sé hasta qué punto sean explotados. Para ellas y ellos, el idioma, el transporte en Quito y el trabajo son sus principales problemas. Ellos viven un cambio cultural, y les toca insertarse en una realidad diferente”.

“Sí hay discriminación laboral –expresa Emanuel–: a mí me tocó denunciar a mis antiguos empleadores, porque todavía  no  me quieren liquidar lo que justamente me corresponde. El  jefe me dejo que me hacía un favor al emplearme, y eso no es así (…) Nos hemos censado en Quito y hay, más o menos, 1.500 personas haitianas; 300 de nuestros hijos han nacido aquí y, sin embargo, esto no nos da derecho a estar legalmente en el Ecuador. De los 1.500  que somos en Quito, solo 20 de nosotros hemos legalizado nuestra residencia, pues obtener nuestro pasado judicial en Haití es muy difícil; ese requisito impide que obtengamos la visa de amparo”, palabras de Emanuel que muestran el panorama de una población que requiere atención urgente en el plano legal.

“No cabe duda que para ellas y ellos abrirse camino aquí es difícil. En el SJR les proporcionamos lo que podemos, como por ejemplo, ropa adecuada para el frío (…) La movilidad humana va a ser siempre una realidad, y no solo en países africanos: hay españoles ahora, yendo a hacer la vendimia a Francia, porque allá pagan mejores salarios. Hay que sensibilizarnos por la necesidad de los demás, si no conocemos su realidad, nunca vamos a hacer nuestra su necesidad” reflexiona la Hna. María José.

Abriendo más el panorama de la migración, la religiosa nos dice: “En España hay 1.600.000 musulmanes y medio millón de ecuatorianos; la realidad de la movilidad humana es mundial. Abrir las fronteras es un valor, aunque haya gente que diga que le están invadiendo su casa. Pero Jesús nos enseña el sentido de la fraternidad universal; culturar la fe es el camino de la Iglesia. El  cristianismo sufrió en Roma 3 siglos de persecución, sobrevivió a 10 emperadores y, a pesar de todo, rompe con la lógica y nos da un sentido trascendente. Es Jesús quien nos abre al sentido universal; la Iglesia es ecuménica. Nosotras y nosotros tenemos que abrir nuestra mente y comprender que debemos acoger; el mundo ha cambiado.

Las voces y los espíritus de María José y Emanuel se unen en la esperanza: “Sé que el futuro será mejor. Siempre le pido al Señor la sabiduría, la salud y la fuerza para la lucha diaria”, dice con fe Emanuel. La Hna. María José pide por ellos: “Que Dios mantenga su sentido de fraternidad; en las personas hay mucho más de bueno que de malo. Dios nos da siempre la resurrección, la Pascua como mensaje de aliento”.

Sobre el reto lanzado por Benedicto XVI –el migrante debe pasar de víctima a protagonista– Emanuel dice: “Para llegar a ser protagonistas, necesitamos vencer el miedo y aprender a hablar el castellano. Nos da miedo ser negros. La autoestima es algo que se construye día a día”. La Hna. María José confirma las palabras de Emanuel: “Vencer el miedo es un reto, un desafío y los haitianos deben superarlo. También es necesario que ellas y ellos encuentren en los ecuatorianos una conciencia de acogida. Yo sé lo valorados que son los ecuatorianos en España: se les reconoce su amabilidad y su paciencia; hay ancianos que dejaron su herencia a ecuatorianos que les cuidaron en sus últimos días. El protagonismo viene del amor”.

Desarrollando este programa, pudimos conocer las dos orillas de un mismo río: la orilla de quienes brindan solidario apoyo, y la otra, la de quienes lo reciben con alivio y gratitud. Si usted quiere colaborar con esta misión de apoyo solidario a la comunidad haitiana en Ecuador, puede encontrar información ingresando a www.sjr.org.ec .

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