25 de noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Las invitadas a este programa fueron Fabiola Falconí, de Catolic Relief Service; Susana Valarezo, directora del Centro de Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM) y Mariana Carrera, responsable de Pastoral de la Mujer, de Cáritas Ecuador. La mesa redonda giró en torno a esta dura realidad.

Es Mariana Carrera quien nos dice que la herida está abierta, apreciación justa que es corroborada por el INEC en su Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres, realizada en el 2011.

“Nada justifica la violencia contra la mujer”: esta afirmación de Susana Valarezo resume el sentir que debemos tener frente a los numerosos abusos que sufre la mujer en Ecuador. Para las invitadas, los datos proporcionados por el INEC desgraciadamente deben de haber aumentado.

A pesar de los esfuerzos del gobierno y de varias ONGs dedicadas a combatir la violencia de género, el abuso físico, sexual, psicológico o patrimonial contra la mujer continúa. En lo que va corrido del año, 300 mujeres han sido asesinadas, aunque las penas por feminicidio hayan sido incrementadas hace poco tiempo en nuestro país.

La violencia contra la mujer obedece a una cultura violenta, derivada de una estructura social inequitativa e injusta. En términos laborales, no se valora lo que hace la mujer, y se sobrevalora lo que hace el hombre. Igual sucede con los roles y con el dinero que ingresa al hogar. Apenas ahora se comienza a hablar en Ecuador de la economía de cuidado.

Las relaciones de poder en la familia y en la sociedad son injustas y eso genera la violencia estructural contra la mujer. El hombre se apropia del cuerpo de la mujer, y también de su alma, creyendo por eso que tiene derecho a maltratarla, llegando incluso hasta el feminicidio.

“Si existiera igualdad entre la mujer y el hombre, no existiría la violencia de género,  y se respetarían los derechos humanos de la mujer. Hay que cambiar creencias y costumbres y derribar prejuicios. Estamos en un momento histórico en el que el hombre debe unirse a esta lucha contra la violencia de género. Que los hombres comprendan que ellos también viven un sistema injusto. Necesitamos hombres feministas, como lo plantea Lucía Extebarria en su ensayo «La Eva futura”, sostiene Fabiola Falconí.

Necesitamos educar, comenzar desde el hogar, abordar el tema en la escuela, en el colegio, en la universidad. Como dice la oyente que intervino en el programa, «… necesitamos amor y respeto como punto de partida para que la agresión a la mujer sea erradicada». La juventud tiene que tomar conciencia y comenzar a relacionarse en un plano equitativo y justo.

El tema queda en el tapete. Las cifras proporcionadas por el INEC pueden quedarse cortas. El problema es tan grave que se intenta ocultarlo o, peor aún, culpar a la mujer. Desde una visión cristiana, reconocemos el papel trascendental que tiene la mujer en la vida de la Iglesia: ya lo ha expresado claramente el Papa Francisco. La figura maternal de infinito amor que encarna la Virgen María es el referente que debemos asumir.

El hogar cristiano es la semilla del amor, y debe erradicar por completo la práctica de cualquier tipo de violencia contra la mujer. Fortalecer los lazos familiares es clave para que la mujer reciba el respeto que se merece. El programa deja una reflexión, pero sobre todo hace un llamado a abordar la violencia de género como una mancha inmensa en nuestra sociedad. La violencia de género puede ser evitada.

 

 

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