Una gran participación de jóvenes ha dado al XXVII EPA Nacional (Encuentro de Pastoral Afro) un rostro que no solo mira hacia el futuro, sino una nueva etapa, casi un legado de las primeras a las nuevas generaciones. Activos en todos los ámbitos, desde el servicio de la cocina y comedor, en los momentos litúrgicos con danzas, cantos y signos típicos de la cultura afro, en la animación de diversos momentos de la jornada entre otros, los jóvenes han marcado con su juventud este EPA celebrado en GUAYAQUIL.

El ambiente en el cual se han vivido los cuatro días del evento, ha sido una opción fuera de los esquemas: ISLA TRINITARIA, BARRIO NIGERIA, Centro Juanito Bosco donde un sacerdote salesiano con un equipo de voluntarios atiende cada día más de 400 niños/as con acompañamiento escolar, desayuno y merienda. Pero, ¿qué imagen dan los medios de comunicación de esos lugares, de su gente, sus jóvenes, sus luchas? Y sin embargo, mismo allí, más de cien familias han abierto sus puertas y han hospedado a unas 200 personas llegadas de toda parte del país.

Momentos fuertes de este EPA, además de la acogida y riqueza humana de tantos residentes, han sido: los testimonios de los misioneros afro de Guayaquil, Quito, Imbabura y Esmeraldas; las celebraciones litúrgicas enriquecidas con signos culturales afro, los personajes-líderes de los grupos de trabajo: Daniel Comboni, Narcisa de Jesús – que cosía la ropa para los esclavos -, S. Benito de Palermo, María Madre de África, Carlos Lwanga, Cristo Negro de Daule, Martín de Porres.

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No podían faltar danzas y cantos en lenguas de la Madre África, un desfile de moda antigua y moderna de diversas regiones del continente negro, arrullos y composiciones artísticas, paneles de reflexión sobre el DECENIO (2015-2024) DE LOS PUEBLOS AFRODESCENDIENTES, concientización y denuncia de los atropellos a los Derechos Humanos que han vivido decenas de familias de este lugar con forzados y violentos DESALOJOS, iniciativas sostenibles de SOLIDARIDAD.

En resume, todo lo vivido en esta periferia de las periferias de Guayaquil, ha dado un fuerte significado y una razón profunda a este AÑO DE LA MISERICORDIA que a todos nos une y entre todos derriba fronteras.

Daniela Maccari – misionera comboniana – Quito 1-08-2016

 

 

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