(Quito 17/10/2013) La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.

Eduardo Galeano, El fútbol  a sol y sombra y otros escritos

Cuando un juego se convierte en industria, el color de la alegría desaparece, y pasamos del placer al deber, como lo dice acertadamente Galeano. Y el deber encomendado fue cumplido: la selección de fútbol ha clasificado con méritos al Mundial de Brasil 2014.

El día martes 15 de octubre, a pesar de caer derrotado ante Chile, el combinado ecuatoriano sumó los puntos necesarios para obtener su cupo mundialista. Y la alegría de muchas ecuatorianas y ecuatorianos se desbordó, dando paso a una celebración justa. ¿Qué podemos reconocer de positivo en un juego que cada vez se convierte más en un deber, en una industria?

Reconocemos, en primer lugar, el esfuerzo humano de un grupo de personas que trabajaron con responsabilidad, solidaridad y tesón. Como profesionales, cumplieron. Y todo trabajo comunitario bien llevado es digno de ser tomado en consideración como un ejemplo.

Un segundo factor, más abstracto, o difícil de comprender, consiste en la unión que se genera en torno a la selección nacional. Este onceno tricolor junta a todas las provincias, a todas las edades, a los géneros, a las generaciones, a las diferentes clases sociales y, en un crisol difícil de comprender pero funcional, forma un solo corazón. Ayer en la noche, todas y todos nos abrazamos con alborozo y nos sentimos un solo ser, una sola nación.

Añadamos otro factor positivo que se genera cuando un país se regocija con quienes lo representan deportivamente a nivel internacional. El fútbol abre sus puertas a todas y todos para que, formando un equipo, trabajen juntos por un mismo ideal. Jugadores y técnicos de diferentes provincias y naciones (el director técnico, Reinaldo Rueda y algunos de sus colaboradores en la preparación física y psicológica del equipo son de la hermana Colombia), de culturas diferentes, de climas distintos, se ponen en marcha como grupo humano para enfrentar un reto deportivo y salir abantes. La diversidad es, en el fútbol, una fuerza que genera buenos resultados.

Recordemos que gran parte de los jugadores que hoy integran la selección son migrantes; de élite, pero migrantes al fin y al cabo. Para muchos analistas que quieren encontrar lo social y lo humano en el fútbol, estos jugadores que participan en equipos de otros países son, simplemente, esclavos modernos, muy bien pagados, pero objeto de oferta y demanda, como cualquier mercadería valiosa. Tenemos jugadores nuestros en Rusia, en México, en los Emiratos Árabes, en fin, están desperdigados por el mundo, intentando asimilar culturas y costumbres diferentes, y sabemos que esta adaptación es dura. Se dejan atrás familia, amistades, lugares, comidas, costumbres, y se siente la nostalgia de la lejanía, de lo nuestro.

Una última consideración: la fe cristiana de todos nuestros jugadores. Al finalizar el encuentro con Uruguay (Ecuador ganó 1-0 y este resultado fue definitivo para la clasificación) todo el equipo visitó la tumba del “Chucho” Benítez, dedicándole el resultado y recordando con devoción su paso por nuestra querida selección. Un acto de fe, de compañerismo, de reconocimiento, un acto de cristiana fidelidad a un compañero que partió antes de saborear el triunfo.

Brasil está a la vuelta del calendario, en el verano del próximo año. Deseamos a este grupo humano la mejor de las suertes en este evento. Estamos entre los 32 mejores equipos de fútbol del mundo, y debemos continuar mostrando nuestra capacidad de trabajar unidos, con responsabilidad, capacidad y fe. Que el nombre de Ecuador quede en alto por la dignidad, por la perseverancia, por la disciplina, por la unión de nuestros jugadores, hoy privilegiados, pero de humilde origen, algo que ellos sienten con orgullo, pues su esfuerzo los ha llevado a un plano económico más digno y justo. Felicitaciones, muchachos, y gracias por el gusto que nos han proporcionado. ¡Adelante!

 

 

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