Para Cáritas este es un día muy especial, una fiesta que tiene que ver con la IDENTIDAD y la ESPIRITUALIDAD DE CÁRITAS. Queremos tener muy presente y vivir cada día con la conciencia de reconocer el mismo CUERPO DE CRISTO en el cuerpo de los «Cristos Sufrientes» que nos encontramos por la calle, en nuestros pueblos y ciudades, y tratarlos con el mismo respeto, cuidado y cariño con los que tratamos el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Por eso les comparto este texto tomado del libro: «Si me falta el amor, no soy nada», elaborado por el equipo de Espiritualidad y Formación de Caritas de América Latina y el Caribe.

Eucaristía y solidaridad: el amor hecho servicio y el servicio hecho por amor

La Eucaristía es fuente, centro y culmen de toda la vida de la Iglesia. Ella es la expresión del proyecto de solidaridades, el amor hecho servicio y el servicio hecho con amor. El Papa Benedicto XVI, lo expresaba de un modo muy completo: «En la víspera de su Pasión, durante la Cena pascual, el Señor tomó el pan en sus y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, dio gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y dijo: “Esta es mi sangre de la nueva Alianza, que es derramada por muchos», (Mc 14, 22-24).

Toda la historia de Dios con los hombres se resume en estas palabras. No sólo recuerdan e interpretan el pasado, sino que también anticipan el futuro, la venida del Reino de Dios al mundo. Jesús no sólo pronuncia palabras. Lo que dice es un acontecimiento, el acontecimiento central de la historia del mundo y de nuestra vida personal. Estas palabras son inagotables”. (Homilía del Papa Benedicto XVI durante la Celebración Eucarística en la Solemnidad del Corpus Christi. Basílica de San Juan de Letrán, Jueves 15 de junio de 2006).

El amor hecho servicio: Jesús a los pies de sus amigos. Sin ninguna duda, la celebración de la Eucaristía la podemos vivir, sentir, realizar en multitud de formas, de lugares, con gestos, lenguajes, participantes diversos, y siempre será la Eucaristía. Pero, para quienes participamos de este llamado del Señor a vivir, amar y servir a su manera compasiva y solidaria, siendo Caritas, la Eucaristía tiene una fuerza y es un desafío siempre para tratar de ser fieles a los dos «mandatos» que se nos hace en ella: «amar sirviendo y servir amando».

La Cena del Señor, es un acontecimiento no comparable a ningún gesto de ninguna otra religión; porque se trata de la síntesis de la historia y la vida de Jesús: la diakonia-servicio que define toda su vida, su Palabra y sus gestos, su oración y sus milagros, sus pasiones y sentimientos, sus prioridades y sus opciones, hasta su muerte y su resurrección. Es la expresión de Lucas 22,27 como la clave de interpretación de toda su vida: «Yo estoy entre ustedes, en medio de ustedes, como el que sirve». Y también: «…el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud». (Marcos 10, 45).

Y con esa conciencia de servidor, quiso significar toda su vida en esa cena con el pan y el vino, como su vida entregada y su sangre derramada por amor extremo (en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y en Pablo); pero también con el gesto escandaloso, singular, desconcertante del lavatorio de los pies a sus discípulos, (sólo en el evangelio de Juan), como la “escenificación visual” de toda su vida y su actuación anterior con ellos.

Aquí se presenta un gran desafío para quienes somos Pastoral Social Cáritas: ¿Cómo acompañarnos y apoyarnos unos a otros/as para poder celebrar la Eucaristía, siempre viviendo los dos mandamientos que nos ofrece Jesús a los que participamos de su comida? Dos dinamismos:

  • el “…tomen y coman, …tomen y beban…hagan esto en memoria mía”: morder, masticar, tragar, digerir, asimilar, hacernos como Jesús, “cristificarnos”; comulgar con su vida, palabra, pasión, sentimientos, estar de acuerdo con Él y hacer como Él, no olvidar y no hacer otra cosa que lo que hizo Jesús y como Él lo hizo; entregar, partir, repartir, donar la vida para que otras personas vivan como Dios quiere: amar hasta el extremo de dar la vida, «hasta que duela».
  • el “…ustedes me llaman Maestro y Señor,… pues si yo les he lavado los pies, ustedes deben hacer lo mismo unos a otros”: Abajarnos, arrodillarnos, lavar, acariciar, secar, besar, mirar de abajo a arriba; de manera especial a quienes tienen los pies tan doloridos y rotos, y hacerlo no solo el Jueves Santo y a doce hombres elegidos, sino a quien lo precise y con la conciencia de ser servidores; ésta es nuestra condición, la que nos identifica.

En aquella última cena, podemos contemplar estos dos mandatos inseparables y que mutuamente se enriquecen y complementan; uno es tan importante como el otro, y si no tenemos la experiencia de vivir vinculando los dos, nos iremos muriendo de hambre, alejándonos del amor y de la voluntad del Señor.

Que el Señor Jesús nos conceda el don de reconocerlo y adorarlo no solo en la eucaristía, sino también en las personas empobrecidas. Que no dejemos a ninguna persona fuera de la mesa de la Eucaristía ni del compartir el pan, la palabra, la vida y el amor fraterno y solidario.

Padre José García
Secretario Ejecutivo de Cáritas Ecuador

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