¿Quién habrá llenado ya el álbum del Mundial?; ¿cuánto le habrá costado los “duros” y cómo consiguió los de la página del banco que patrocina el certamen deportivo más importante y rentable del mundo? En partido amistoso, un afrodescendiente inglés le entra con todo al Toño Valencia; Toño reclama, sin violencia pero con enfado –porque el “rival” pudo haberle roto la pierna–: ambos son expulsados. Colombia lamenta la pérdida del “Tigre” Falcao en medio de elecciones y diálogos de paz.

Ecuador tiene al menos 70 comentaristas deportivos –incluyendo varias mujeres sumamente atractivas– que ganan un sueldo superior a tres salarios mínimos vitales. En los programas deportivos radiales y televisados rondan el glamour, la “bronca” preparada, la petulancia, la trivialidad y la erudición –gracias a internet–; el negocio del fútbol paga bien, hay que ser ágil, estar a la moda y mostrarse “variado”.

Se nos viene encima el mes más mediático del mundo. Tras de todo está el MERCADO, el verbo ¡CONSUME!, conjugado en imperativo. Serán 64 partidos en directo –para quienes tienen cable– que casi paralizarán a una cuarta parte de la humanidad. El dios redondo corre para todos: es de cuero, pero genera oro.  El mejor negocio deportivo del mundo atrae, atrapa, devora, gana billete y engaña. Es casi obsceno hablar de cuánto dinero moverá el Mundial Brasil 2014.

¿En qué mundo nos va a meter este Mundial? Goles, jugadas magistrales, errores arbitrales, público entre el júbilo y el llanto, millones y millones de comentarios de hinchas. La televisión –cada vez más avanzada en tecnología y cubrimiento– nos mostrará todo, nos permitirá “estar” en Brasil. Nacionalismo exacerbado, identidad y unidad patria con la “piel” oficial de la Selección (con mayúscula, no queda otra opción).

Los trabajos, horarios y costumbres se trocarán y paralizarán en al menos 32 países privilegiados –algo menos del 15% de las naciones que están afiliadas a la FIFA (Federación internacional de Fútbol Asociado, con más naciones socias (209) que la misma ONU (192)). Vamos para 32 días en los que el dios fútbol impondrá su tiranía, entregando mejor que nada el tan necesitado circo: en este negocio redondo, lo del pan es lo de menos.

Durante el Mundial, la Tierra seguirá girando, como el balón, a las patadas. El ser humano que puebla este planeta seguirá depredándolo y explotándolo sin misericordia. Ese ser humano continuará ignorando a la hermana que está a su lado, necesitado. La indiferencia por los problemas sociales crecerá más que nunca, porque la atención mundial estará puesta en la pelota que rueda por todo Brasil. Leonel, Christiano, Toño y compañía oficiarán un ritual para el universo, con los sellos exclusivos de las grandes marcas transnacionales.

¿Quién se escapa del Mundial? ¡Nadie!; aunque no queramos, el fútbol se atravesará en nuestras vidas, cambiando por un mes la realidad, haciéndola inofensiva por un rato, anestesiándonos, distrayéndonos, alienándonos, embriagándonos, haciéndonos una sola “familia” que únicamente piensa en lo que se genera a partir del balón.

La IMAGEN del Mundial penetra, y no respeta nada. Está en un cereal, en un viaje de vacaciones al Caribe, en una prenda de vestir, en las afeitadoras y desodorantes. La imagen Brasil 2014 está en la TV, en la prensa, en la red, en la radio, en las revistas, en los buses, en las vallas publicitarias y, sobre todo, en las conversaciones de la gente. La imagen del Mundial Brasil 2014 nos globaliza “deportivamente” y dizque nos hermana. ¿Acaso no es claro que este evento “deportivo” es completamente comercial e intensamente consumista y adictivo? Además, no respeta edades, credos, nacionalidades, géneros, estatus económico y social, oficios, nivel cultural, idioma o frontera. Se mete el fútbol ¡y punto!: es un hecho, es una realidad.

¿Por qué tiene tanto poder este fenómeno deportivo en la comunidad mundial? Es difícil responder y la pregunta amerita seria reflexión. Pero en el fútbol se evidencia un desequilibrio humano, una excesiva desigualdad, una desproporción económica pomposa que hace brillar el signo $, un gran derroche y, en otro ámbito, una manipulación mediática, una intrusión agresiva en nuestras mentes y voluntades, en nuestras consciencias. Como si el futbol fuera el necesario pan de cada día. La IMAGEN del fútbol está impuesta, y entra en vigencia, rigiendo al mundo por 32 días.

 Ojo, el Mundial es una inmensa vitrina de la desigualdad, y debe parecernos normal que un equipo africano sea goleado por un poderoso once europeo; al fin y al cabo, así es la historia: la del fútbol y la de la humanidad. ¿Es así como nos contagian la indiferencia y nos desensibilizan ante la desigualdad?

Concedemos pleno derecho y abrimos nuestros medios de comunicación a quienes deseen defender el fútbol y quieran decir algo bueno sobre el evento que se avecina. Pero creemos que como católicos dedicados a la acción social –y más aún como comunicadores sociales–, aquí nos corresponde ver la desproporción, la alienación, el exceso, la falta de respeto al penetrarlo todo. La IMAGEN se hace sacra, deslumbra, refulge, y cada vez está más lejos lo profundo, lo secreto, lo desconocido y lo sagrado.

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