Cuando mi mamá cumplió 50 años, con papá y hermanos le hicimos una gran fiesta: fue la ocasión para agradecerle por su existencia y de reflexionar con más consciencia sobre lo que recibimos de ella y lo que ella era. Un aniversario es un pretexto para poner bajo los reflectores a una persona o a una realidad.

Ahora estamos celebrando un importante aniversario: los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II. Es de verdad como el cumpleaños de mi mamá: todos somos hijos del Concilio. Nuestra manera de vivir la Iglesia y en la Iglesia depende de los textos fundamentales del Concilio (sobre todo las 4 Constituciones).

El Concilio Vaticano II se clausuró el 8 de diciembre de 1965 con una ceremonia en la Plaza de San Pedro; en ella se leyó la Carta Aostólica “In Spiritu Sancto” de Pablo VI con la cual declaraba finalizado el Concilio y animaba a observar piadosa y devotamente todos sus decretos.

El Concilio Vaticano II se convirtió en un hecho que transformó profundamente la vida de la Iglesia y cuyas repercusiones aún se sienten hoy. Han sido muchos los que han criticado al Concilio: unos dicen que no se ha asimilado, otros quieren volver al esquema de Trento, y otros tantos no lo han entendido. Y muchos lo han olvidado o simplemente no lo conocen. Lo único cierto es que las ventanas de la Iglesia se han abierto, y como dijo alguien una vez: “La primavera de la Iglesia había comenzado”.

El Concilio, con sus documentos y las actitudes de renovación de las formas de la vida de la Iglesia, de simpatía y diálogo con el mundo, de análisis positivo de la realidad y del futuro se ha vuelto, junto a los documentos de las Conferencias del CELAM (especialmente el de Aparecida), nuestro programa y la orientación fundamental de la vida de nuestras Iglesias locales. ¡Junto a la Santa Biblia deberíamos tener en nuestras librerías los documentos del Concilio!

Mucho falta por conocer, profundizar y realizar, pero en este aniversario queremos recordar y dar luz a este patrimonio de gran riqueza recibido como herencia para entender mejor quiénes somos y lo que estamos llamados a hacer.

El Concilio Vaticano II dio lugar a 16 Documentos: 4 Constituciones, 9 Decretos y 3 Declaraciones.

Las Constituciones son:

  • Lumen Gentium (Constitución dogmática sobre la Iglesia)
  • Dei Verbum (Constitución dogmática sobre la divina revelación)
  • Sacrosanctum Concilium (sobre la liturgia y su reforma) y
  • Gaudium et Spes (sobre la Iglesia en el mundo moderno).

Entre los Decretos cabe destacar

  • Optatam Totius (sobre la formación sacerdotal)
  • Perfectae Caritatis (sobre la adecuada renovación en la vida religiosa)
  • Ad Gentes (sobre la actividad misionera de la Iglesia)
  • y el Inter Mirifica (sobre los medios de comunicación social).

Las tres Declaraciones del Concilio manifiestan la postura de la Iglesia actual frente a tres diversos temas: la libertad religiosa (Dignitatis Humanae), la educación cristiana de la juventud (Gravisimum Educationis), y las relaciones de la Iglesia con las demás religiones (Nostra Aetate).

Autor: P. Mauro Da Rin Fioretto, responsable Pastoral Social Cáritas Yaguachi.

Imagen: agrega.educación.es

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