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Es el mensaje de Cuaresma del Papa Francisco, que recuerda que “es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido” porque “el amor a Dios y al prójimo es un único amor”.

La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.

El prelado de la Iglesia Católica, convoca para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces.

Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

Los cristianos en diversos países del mundo, conmemoran la Pasión de Cristo, la muerte y la resurrección, así como también se celebra su entrada en Jerusalén y la Última Cena. En Ecuador, la celebración de la Semana Mayor como también se la conoce, es muy activa, hay diversos actos religiosos que se desarrollan en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas durante siete días y empieza con el domingo de Ramos. El Arrastre de Caudas, es una ceremonia religiosa que se mantiene en Quito y se realiza el miércoles santo.

En las grandes ciudades, se desarrollan las procesiones donde se recrea el Via Crucis o Camino a la Cruz, que son devociones antiguas practicadas por el mundo católico. Así tenemos la procesión del Jesús del Gran Poder que se realiza el viernes santo en Quito y el Cristo del Consuelo en Guayaquil. En Riobamba el martes santo se cumple con la tradición católica de realizar la procesión del Señor del Buen Suceso.

El Domingo de Resurrección, también conocido como la fiesta de Pascua, celebra el regreso a la vida de Jesús. Las misas de Resurrección, se acostumbran en diversas Iglesias del país donde la población cristiana vive con mucha fe y devoción.

Descargue el mensaje aquí

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2024/02/01/010224a.html

 

 

 

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