La labor pastoral requiere de una metodología capaz de vencer los problemas que tiene el pueblo de Dios. El método de ver-juzgar-actuar no es nuevo, pero ha demostrado su funcionalidad a lo largo de más de 70 años de trabajo pastoral, especialmente en América Latina. La Doctrina Social de la Iglesia ha adoptado esta metodología. Veamos, en forma rápida, algunas características de este método.

Algo de historia: Partimos de las luces que nos da el  P. Biord en su artículo Ponderación teológica del método ver-juzgar-actuar. Éste es un método entre muchos, no el único. Posee ventajas y potencialidades, pero también tiene sus limitaciones. Históricamente ha demostrado su funcionalidad en la planificación teológico-pastoral de la Iglesia en toda nuestra América Latina.

Ver-juzgar-actuar tiene su origen en las propuestas pastorales de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), concretamente en la Revisión de vida, utilizado por la JOC en los años 30 del siglo pasado.

El método encontró benéficos refuerzos de las iluminadoras reflexiones teológicas del trabajo efectuadas por el sacerdote dominico Marie-Dominique Chenu, y La teología de las realidades terrestres, de Gustave Thils, meditaciones que sirvieron de preparación para el Concilio Vaticano II. El objetivo de estas reflexiones fue el de “… ayudaban a conectar la fe con el mundo de la vida concreta”.

Una de las fortalezas del método ver-juzgar-actuar consiste en su carácter inductivo: partir de la situación olvidando la tradición de emplear métodos deductivos que partían de conceptos generales y universales para deducir cuáles eran las acciones adecuadas para enfrentar situaciones particulares.

En 1961, el papa Juan XXIII, en su Carta encíclica Mater et Magistra, pondera los beneficios de este método:

“Al traducir en realizaciones concretas los principios y las directrices sociales, se procede comúnmente a través de tres fases: planteamiento de las situaciones; valoración de las mismas a la luz de aquellos principios y de aquellas directrices; búsqueda y determinación de lo que puede y debe hacerse para llevar a la práctica los principios y las directrices en las situaciones, según el modo y medida que las mismas situaciones permiten o reclaman. Son tres momentos que suelen expresarse en tres términos: ver, juzgar, actuar»  (MM 236).

Desde esta fecha y, recomendado por el Concilio Vaticano II, esta metodología comenzó a consolidarse y a ser utilizada en América Latina. La Constitución Pastoral Gaudium et spes (Los gozos y las esperanzas), promulgada por el papa Paulo VI propuso emplear este método, especialmente en la formación pastoral del apostolado laico.

A partir de entonces, la metodología adoptada por la II Conferencia General de los Obispos Latinoamericanos en Medellín (1968) corresponde al método ver-juzgar-actuar.

De igual manera, la III Conferencia en Puebla (1979) y la V en Aparecida (2007) elaboran su reflexión pastoral a partir de este método, enriquecido por la experiencia y, sobre todo, por la nueva luz de la teología de los «signos de los tiempos». Veamos brevemente en qué consiste este método.

Ver: Asumir la historia, los hechos y las personas que hacen la historia como un lugar teológico que “… permite discernir el significado actual de la revelación y de la fe”. Partir de lo real, de lo que sucede en la comunidad, en la familia, en la Parroquia.

Juzgar: Una vez observada con atención la realidad, ahora se debe discernir “… lo que se ha visto a la luz de la Palabra revelada, la cual, a la vez que permite comprender mejor la historia, es también mejor comprendida desde el impacto de esa historia”

Actuar: el método concluye cuando, una vez “… explicitada esa revelación gracias a la historia actual, el Magisterio orienta concretamente la respuesta de la fe, hoy y aquí, para transformar la realidad; es el tercer momento, el del actuar”.

Como todos los métodos empleados para comprender y transformar la realidad, este método también implica riesgos: el mayor de todos es emplearlo indebidamente. “La peor aplicación es la que se puede llamar “yuxtaposición de las partes” (una a la par de otra).

El método tiene una coherencia interna, en la que cada fase viene después de la anterior. La realidad analizada en el ver es interpretada en el juzgar y del diagnóstico que se deriva de la comparación del ver con el juzgar emerge el actuar. Pero simultáneamente, al actuar ya se está viendo nuevamente y juzgando, en un proceso tipo espiral que no concluye. No son tres momentos estáticos e independientes, sino procesos de reflexión y actuación simultáneos.

La aplicación exitosa de éste método es una contribución de la Iglesia de América Latina a la Iglesia Universal, ya que asume “… la realidad en su totalidad (social, económica, política, científica, eclesial) como lugar de revelación de Dios, centrarse en la misión transformadora de la sociedad desde la fuerza del Evangelio, optar por la liberación del pueblo pobre y cada vez más empobrecido.

Finalizamos expresando que éste método es aplicado en la actual planeación pastoral en las diócesis, parroquias, comunidades religiosas y diversos apostolados. Esta es nuestra luz para la acción, una luz que perdura y se perfecciona a partir de la experiencia diaria, esa que asume Cáritas al ser la Caricia de la Madre Iglesia a su pueblo.

Fuente: material proporcionado al Dpto. de Comunicaciòn por Gloria Guevara, coordinadora de Seguridad Alimentaria de Pastoral Social Cáritas Ecuador (gguevara@caritasecuador.org). Gracias, Gloria.

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