Reunidos entre el 4 y el 8 de marzo en Quito, los Obispos de Ecuador celebraron su CXXXIX Asamblea Plenaria. Aunque las Asambleas Plenarias han sido una herramienta tradicional para abordar los problemas que normalmente implica el conducir el destino de las y los fieles ecuatorianos, en esta ocasión revistió atención principal la realidad económica, social y política que vive ahora el país. Otro de los temas abordados que se destaca por su trascendencia es la lectura analizada y comprometida de la Exhortación Papal Amoris Letitia (La Alegría del Amor), dedicada a toda la familia católica.

En el Mensaje de los Obispos, se resalta la necesidad de vivir con entusiasmo y alegría el Año de la Misericordia, reconociendo “…  el gesto, tan significativo, de la apertura de las ‘Puertas de la Misericordia’ en nuestras iglesias particulares”. La Bula Misericordiae Vultus ha generado un gran compromiso de las y los feligreses por la práctica de las Obras de Misericordia.

La Asamblea Plenaria de nuestros Obispos también comparte “… el profundo dolor por las tribulaciones y las dramática situación de nuestros hermanos en la fe en diferentes partes del mundo”, condenando así la violencia y brindando su apoyo a las y los cristianos perseguidos en Oriente Medio y el norte de Asia por profesar la fe de Jesucristo.

Abordando ya la situación actual del país en su contexto social, económico y político, los Obispos  consideran que “En nuestro país, a nivel social, hemos comenzado a vivir momentos difíciles. La perspectiva económica se ve muy incierta, así como los caminos para enfrentarla. Nos preocupan las previsibles repercusiones en la vida de nuestro pueblo, sus decepciones y nuevas situaciones de precariedad, especialmente de los jóvenes envueltos en las dragas, los niños y las mujeres comercializados en la trata de personas y otros en situaciones de vulnerabilidad , como la inseguridad y el desempleo”,

Continúa el mensaje de la Asamblea Plenaria de nuestros Obispos: “Nos acercamos además a un período electoral, que puede caracterizarse por la exasperación de los enfrentamientos políticos, afectándose todavía más las actitudes de diálogo y colaboración sincera, que consideramos indispensable para que nuestra sociedad pueda enfrentar, con eficacia y sentido de corresponsabilidad, la situación adversa que atraviesa el país”.

Pidiendo al Señor “… que abra nuestros ojos y nos haga conocer las necesidades de todos nuestros hermanos; que Él nos inspire las palabras y las obras para confortar a los que están cansados y agobiados siguiendo el testimonio de verdad y libertad, de paz y de justicia para que nuestro pueblo se anime con una esperanza nueva”, la Asamblea fija su atención en la realidad nacional, haciendo un llamado al diálogo productivo y generoso, deponiendo actitudes radicales o de confrontación entre hermanas y hermanos, todas/os hijos de Dios.

La Asamblea se regocija por la apertura del proceso de canonización del Siervo de Dios Pablo Muñoz Vega, jesuita y Rector de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador; de igual manera, ven con alegría los procesos de canonización de Mons. Alejando Labaka y de la Hna. Inés Arango, mártires amazónicos que dieron su vida por defender la sobrevivencia de las culturas amazónicas. De igual manera, mostraron su satisfacción por el proceso de canonización de Mons. Juan Larrea Holguín, jurista y pastor de nuestra Iglesia ecuatoriana.

El mensaje de los Obispos concluye con un agradecimiento al Papa Francisco “… por el rico Magisterio de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, donde redescubrimos la belleza del plan de dios sobre el matrimonio y el don de la familia para la sociedad, así como proponer múltiples iniciativas de atención y promoción de la familia en su contexto y problemática actual”.

Queremos participar en las alegrías y esperanzas, en las penas y angustias de nuestro pueblo para mostrarles fielmente el camino de la salvación y junto con ellos avanzar en el camino del Reino”. “Invocamos a la Santísima Virgen María, Madre de Misericordia, para que continúe bendiciéndonos y nos alcance de su hijo Jesús todas las gracias necesarias para que la Misericordia de Dios llegue a todos los ecuatorianos”.

Nos conforta el Mensaje entregado por los Obispos en su Asamblea Plenaria, pues nos sentimos acompañadas/os en estos momentos difíciles para el país, tanto en lo económico y social como en lo político. Sentir la presencia y el compromiso de la Iglesia es para todas y todos los cristianos un aliento, una esperanza, un tiempo de trabajo y lucha que debemos afrontar con unión, fe y, sobre todo, con conciencia y responsabilidad política.

Señores Obispos, seguimos el camino que ustedes nos trazan, con la profunda seguridad de estar en la vía correcta para contribuir a la construcción del Reino de Dios en la Tierra. Que sus deseos y esperanzas, que compartimos profundamente, se hagan realidad y tengamos un Ecuador más auténticamente cristiano.

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