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Laudate Deum, (Alaben a Dios) es la nueva exhortación apostólica que el Papa Francisco presentó sobre la crisis climática, el pasado 4 de octubre, día de San Francisco. Han pasado ocho años desde que se publicó la encíclica Laudato Si (Alabado sea) en el 2015 sobre el cuidado de la casa común. Esta nueva exhortación la escribe el sumo pontífice ante la falta de “reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre”.

La nueva carta del Papa Francisco, Laudate Deum, esta dirigida “a todas las personas de buena voluntad”, está dividido en 6 secciones y 73 numerales. La primera parte se denomina: La crisis climática global, donde remarca que “Por más que se pretendan esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos. Es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global”.

En la exhortación apostólica, en la sección cuatro, el máximo representante de la Iglesia Católica menciona a las conferencias sobre el clima: avances y fracasos 44. “Desde hace décadas, representantes de más de 190 países se reúnen periódicamente para tratar la cuestión climática. La Conferencia de Río de Janeiro de 1992 llevó a la adopción de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un tratado que entró en vigor cuando se alcanzaron las necesarias ratificaciones de los países firmantes en 1994. Estos Estados se reúnen cada año en la Conferencia de las Partes (COP), máximo organismo para la toma de decisiones. Algunas fueron fracasos, como la de Copenhague (2009), mientras otras permitieron dar pasos importantes, como la COP3 de Kyoto (1997). Su valioso Protocolo es el que puso como objetivo reducir las emisiones complexivas de gases de efecto invernadero un 5% con respecto a 1990. El plazo era el año 2012, pero evidentemente no se cumplió. El Protocolo en realidad entró en vigor en 2005.

El Papa afirma que «los acuerdos han tenido un bajo nivel de implementación porque no se establecieron adecuados mecanismos de control, de revisión periódica y de sanción de los incumplimientos. Los principios enunciados siguen reclamando caminos eficaces y ágiles de ejecución práctica».  También que «las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad».

Descargue la Laudate Deum aquí

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