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Bare Mekoro, en español «padre negro», sí se lo conocía al P. Josiak Asa K’Okal, misionero Keniano que vivió en Venezuela por más de 26 años. Su muerte entristece al pueblo indígena waraos y a la población empobrecida del estado Delta Amacuro, que le tomó mucho aprecio, y por eso lo llamaban, con cariño Bare Mekoro, que significa «Padre Negro».

El P. Josiak K’Okal, murió el pasado 2 de enero de este año, en el estado de Delta Amacuro en Venezuela, deja un profundo vacío en la comunidad Waraos, donde sirvió con mucha entrega misionera. El sacerdote dedicó su vida a la defensa de los Derechos Humanos del pueblo warao, comunidad indígena olvidada y afectados por la contaminación de los derrames petroleros.

El 9 de enero, se llevó a cabo una misa que lo presidió monseñor Ernesto Romero, Vicario Apostólico de la ciudad de Tucupita. Finalizada la eucaristía, se realizó una procesión hacia la Iglesia San José para recibir cristiana sepultura.

El P. Josiak K’Okal, era miembro de la Congregación Instituto Misioneros de la Consolata (IMC). Su vida pastoral fue de mucha entrega
hacia la defensa de la vida, trabajó en la construcción del perdón y la reconciliación. Entre los desafíos de su labor pastoral, el P. K’Okal siempre mantuvo presente como preservar y conservar los valores culturales del pueblo indígena warao. Cáritas Ecuador, rinde un homenaje al misionero Consolata, formador, guía, consejero y amigo.

Desiree Hernández, misionera venezolana y comunicadora en el Vicariato Apostólico de Aguarico, quien conoció y compartió muchos momentos junto al P. Josiak en su tierra natal Venezuela, nos da su testimonio de vida, ella es laica misionera de la Consolata.

¿Quién era el P. Josiah K’Okal?

Josiah K’Okal nació el 7 de septiembre de 1969 en Siaya, Kenia. Tenía 54 años, aunque todos le decíamos que se veía de 30. K’Okal ingresó a la Congregación Instituto Misiones Consolata, en 1993. Estudió teología en Londres y cuatro años más tarde se ordenó sacerdote, en 1997 fue enviado a Venezuela. Desde entonces, sirvió en la Animación Misionera y Vocacional, la pastoral Afrodescendiente y parroquial de Barlovento, en el estado Miranda. De igual forma, en la Pastoral de Animación Misionera en Barquisimeto y la Pastoral Indígena en Nabasanuka y Tucupita perteneciente a Venezuela.

Bare Mekoro, fue ese misionero servicial, dispuesto, entregado y desprendido, que se donó por muchos años a las tierras venezolanas, específicamente al Delta Amacuro, desde el 2006 comenzó su servicio misionero en el Vicariato Apostólico de Tucupita y dedicó su ministerio al lado de su pueblo, de sus indígenas, de sus hermanos Waraos. Un africano que llegó desde Kenia, pero que se hizo venezolano por opción, vocación y amor.

¿Qué labor desarrolló el P. Josiak, en la comunidad Waraos a la que acompaño por mucho tiempo?

El P. K’Okal trabajó apostólicamente dentro de la Pastoral Indígena en Nabasanuka, uno de los caños río adentro, perteneciente al Vicariato de Tucupita. Por muchos años el P. K’Okal defendió y protegió a sus muy amados hermanos waraos, donde aprendió su lengua, su cultura, sus costumbres, y es así, como se hizo uno más de ese pueblo, que por mucho tiempo estuvo abandonado y excluido.

El lenguaje era el mismo utilizado por Jesús, el lenguaje siempre fue el amor y su inigualable sonrisa.  Y, es así, como padre K’Okal se ganó el corazón de todos los waraos.  Amaba y conocía al pueblo Warao y a los venezolanos como nadie. Era un Guaro auténtico, un caraqueño con mucho Flow, y un barloventeño con mucho sabor, era un Venezolano de Corazón, por dentro y por fuera. 

Conocemos que fue un defensor de la vida, ¿Qué nos puede comentar?

Totalmente, el P. K’Okal nos hacía ver el sentido de la vida, pero también a luchar y a defenderla, primero desde el Evangelio, desde allí encontramos nuestra razón de ser. Por muchos años defendió a capa y espada a sus muy amados waraos y, es así, como nos invitaba a nosotros los laicos de la Consolata a defenderlos a ellos también y hacernos parte.  Los defendía de la violencia, de los abusos, de la marginación, de los malos caminos, sobre todo para los más jóvenes.

En una oportunidad, tuvimos la dicha de hacer una experiencia de misión en una de las comunidades indígenas de Tucupita, Pueblo Blanco, cuando él supo de esta noticia se llenó de inmensa alegría, y nos bendecía y nos alentaba a seguir conociendo más a su pueblo. Pero sobre todo a desgastar nuestra vida por La Misión. En su trabajo como pastor de esta iglesia nativa, Bare Mekoro, acompañó la migración de los waraos a Brasil y como buena voz de profeta, denunció el tráfico de indígenas al sur de Venezuela, dispuesto siempre a defender y proteger a sus hermanos.

¿Cuánto tiempo vivió en Venezuela?

El P. K’okal, llegó a Venezuela en el año 1997 ese mismo año en el que fue ordenado sacerdote, y desde el año 2006 fue enviado al Vicariato de Tucupita. Alrededor de 20 años o más estuvo sirviendo con esmero, amor y valentía en tierras venezolanas. Son muchos años de misión, de recorrido, de alegría y de entrega generosa en esta tierra de Venezuela. Hizo muchos amigos, muchos hermanos y dejo miles de hijos espirituales que convivieron y compartieron con él.

Su paso por esta tierra no ha terminado, convencida estoy de que el Señor ha premiado a nuestro buen amigo y padre.

¿Cuál es el homenaje que se le puede hacer?

El mejor homenaje que podemos hacerle es acompañar y hacernos parte de estas comunidades indígenas y de las realidades que amorosamente el padre K’okal atendía, rendirle tributo desde la alegría, y la pasión misionera por la salvación de las almas eso lo caracterizaba, tal cual como nos indica nuestro fundador del Instituto Beato José Allamano: “Todos los sacerdotes, por naturaleza, son misioneros. Esencialmente no hay diferencias entre la vocación sacerdotal y la vocación misionera. Solo se necesitan un gran amor a Dios y pasión por las almas”

En definitiva, no hay mejor homenaje que se le pueda hacer, sino compartir el Evangelio del amor, el evangelio de la alegría, el evangelio de la esperanza, recordar la pasión y la intensidad con la que servía y amaba. Y hacerla vida en nosotros para continuar con este legado de reconciliación y paz de la que tanto hablaba.

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