Mons. Julio Parrilla, obispo de Riobamba y presidente de la Pastoral Social Cáritas Ecuador.

Mons. Julio Parrilla, obispo de Riobamba y presidente de la Pastoral Social Cáritas Ecuador.

Puyo, Ecuador, 23 de abril 2013 (OCLACC-SignisALC/ALER/CARITAS).- “Desde la voracidad de grupos, transnacionales y gobiernos inescrupulosos, asistimos en muchas partes del planeta a planteamientos reductivos que entienden el mundo natural en clave mecanicista y el desarrollo en clave consumista”, lo cual constituye una amenaza para la naturaleza, dijo el Obispo de Riobamba y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (Caritas Ecuador), Mons. Julio Parrilla Díaz. En su conferencia sobre la “Defensa del medio ambiente en la Doctrina Social de la Iglesia”, el prelado enfatizó que “muchos todavía piensan que existe una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de una manipulación salvaje de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos”, pero que ello es totalmente falso.

Agregó que estos planteamientos “no tienen su origen en la ciencia o en la tecnología, sino en una ideología tecnócrata al servicio de los intereses del mercado”, pero que también está influyendo la secularización, “en la medida en que el hombre se aleja de la trascendencia de Dios” y “fácilmente cae en la tentación de pensar que todo vale con tal de satisfacer sus deseos y necesidades inmediatas”. Insistió en que la “naturaleza, tan exuberante en la Amazonía, no puede ser un mero objeto de manipulación, pero tampoco puede estar por encima de la persona humana. La dignidad de la persona humana debe de centrar cualquier planteamiento ético sobre todo lo creado, siendo, al mismo tiempo, la garantía de que el hombre sabrá respetar la creación por encima de los intereses del poder o del mercado”. Monseñor Parrilla remarcó que “la Iglesia siempre planteará (y así lo hace en los foros internacionales) la necesidad de promover el ambiente como casa y como recurso a favor de todos los hombres”. Agregó también que el ambiente es un bien colectivo y que “constituye un desafío para la humanidad entera. Hoy, la crisis ecológica es global y global es la responsabilidad de afrontarla. El valor ambiental de la biodiversidad constituye una gran riqueza para toda la humanidad”, dijo. Para Monseñor Parrilla es fundamental que todos hagamos conciencia “que la destrucción de los bosques acelera los procesos de desertificación con peligrosas consecuencias para las reservas de agua, al tiempo que pone en peligro la vida de muchos pueblos indígenas”. Así también recordó que “la relación que los pueblos indígenas tienen con su tierra forma parte de su identidad”, pero que “muchos pueblos han perdido o corren el riesgo de perder las tierras en que viven. La pérdida de la tierra supondría su extinción. La extinción de los pueblos indígenas supondría una ruptura radical del hombre con la tierra, de esa armonía que hoy en el planeta se mantiene gracias a su particular cosmovisión”. Remarcó que la conservación del planeta no se trata “sólo de hacer un discurso ético, sino también jurídico y, por lo tanto, político. El tema afecta al Estado y a la Comunidad Internacional. Es deber de las autoridades velar por un ambiente natural seguro y saludable según las exigencias del bien común. Cuando le pedimos al gobierno que depure sus políticas medioambientales, que cumpla con lo establecido en la propia Constitución (la consulta previa a las comunidades afectadas, la información veraz de lo que supone una explotación masiva de los recursos, el respeto de los stándares comúnmente aceptados de calidad en la explotación y en el reciclaje, sanciones claras para los que contaminan, etc.) y que asuma los compromisos internacionales desde la ética y desde la justicia, no estamos ofendiendo a nadie. Al contrario, estamos planteando y recordando exigencias éticas ineludibles para cualquier administración pública”. Según dijo, “no es suficiente con establecer políticas y normas jurídicas claras. Es preciso educar la conciencia y promover nuevos estilos de vida”, aspecto en el cual “la Iglesia puede y debe hacer una efectiva contribución al bien común”. Al referirse al tema de los recursos energéticos, especialmente los no renovables, el prelado insistió en que si bien es cierto “tienen que estar al servicio de todos, pero es evidente también que es preciso identificar nuevas fuentes energéticas”, pero también se refirió a la necesidad de “cuidar el uso de las biotecnologías, conscientes de sus bondades pero, también, del daño que pueden ocasionar”, lo cual, dijo, “no es sólo un tema de interés personal o particular”, sino que es, especialmente “un tema de interés público, de políticas públicas”. Finalmente recordó que los “cristianos no podemos ser indiferentes a estos problemas. La visión cristiana de la creación permite al hombre intervenir en la naturaleza, pero le llama a una profunda responsabilidad, tanto desde la inteligencia, cuanto desde la responsabilidad moral. Tenemos que exigir esta responsabilidad a todos los agentes sociales, a todas las personas, pero muy especialmente a los responsables de las políticas y de la administración pública” Desde Puyo, Pastaza, Pepe Mármol (OCLACC-SignisALC)

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