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05junio13

Marco Teológico Pastoral de la problemática ambiental

Un artículo Cáritas México

En el Documento de Puebla (1979) aparece claramente la preocupación por el daño provocado al medio ambiente:

“Si no cambian las tendencias actuales, se seguirá deteriorando la relación del hombre con la naturaleza por la explotación irracional de sus recursos y la contaminación ambiental, con el aumento de graves daños al hombre y al equilibrio ecológico” (No. 139). Más adelante, en el No. 327, los obispos vuelven a insistir en que el dominio, uso y transformación de los bienes de la tierra, de la cultura, de la ciencia y de la técnica, se vayan realizando con un justo y fraternal señorío del hombre sobre el mundo, teniendo en cuenta el respeto de la ecología. En el No. 1236 vuelve sobre el tema, para exhortar a la preservación de los recursos naturales creados por Dios para todos los hombres, a fin de transmitirlos como herencia enriquecedora a las generaciones futuras.

El documento de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo (1992), hace referencia sobre la Conferencia de la ONU, conocida como Cumbre de la Tierra, en la que se habla del medio ambiente y desarrollo. Ante la crisis ecológica, se propone el desarrollo sostenible entre la relación de crecimiento económico y los límites ecológicos (SD, 171). Es importante destacar que el documento advierte que el desarrollo tiene que estar subordinado a criterios éticos, acentuado como “ética ecológica” que implica el abandono de una moral utilitarista e individualista.

Los cristianos como integrantes de la sociedad, no estamos exentos de responsabilidad en relación  a los modelos de desarrollo que han provocado los actuales desastres ambientales y sociales, por eso, la Iglesia  nos hace un llamado a:

•Cultivar una espiritualidad que recupere el sentido de Dios, siempre presente en la naturaleza.

•Valorar el dialogo que la crisis ecológica ha creado y cuestionar la riqueza y el desperdicio.

•Aprender de los pobres a vivir en sobriedad y a compartir y valorar la sabiduría de los pueblos indígenas en cuanto a la preservación de la naturaleza como ambiente de vida para todos.

En la V Conferencia de Aparecida (2007), los obispos vuelven a hablar sobre los aspectos ambientales, tocando el tema del Cambio Climático.

“… Con mucha frecuencia se subordina la preservación de la naturaleza al desarrollo económico, con daños a la biodiversidad, con el agotamiento de las reservas de agua y de otros recursos naturales, con la contaminación del aire y del cambio climático…” “… La región se ve afectada por el recalentamiento de la tierra y el cambio climático provocado principalmente por el estilo de vida no sostenible de los países industrializados” (DA, 66).

Ante esta situación se plantea que “La mejor forma de respetar la naturaleza es promover una ecología humana abierta a la trascendencia que respetando a la persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina de  recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (Cf. I Cor. 3, 21-23).

El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la solidaridad con la generación presente y las futuras. Ya que los recursos son cada vez más limitados, su uso debe estar regulado según el principio de justicia distributiva respetando el desarrollo sostenible” (DA 125).

En la Encíclica Caritas in Veritate, Benedicto XVI recuerda que “para salvaguardar la naturaleza no basta intervenir con incentivos o desincentivos económicos, y ni siquiera basta con una instrucción adecuada. Éstos son instrumentos importantes, pero el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas.  Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad” (No. 51).

Algunos principios de la Doctrina Social de la Iglesia sobre el cuidado de la creación:

•La revelación bíblica inspira los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre el hombre y la creación.

•La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad: nos precede, nos ha sido dada como ámbito de vida, nos habla del Creador y de su amor a la humanidad.

•El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios.

•El mundo no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar; procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad.

•El desarrollo humano integral está estrechamente relacionado con los deberes que derivan de la relación del hombre con el entorno natural.

•Es indispensable que la humanidad renueve y refuerce esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.

•El medio ambiente es un don de Dios para todos. Su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad.

•El ambiente natural, obra del Creador, lleva en sí una gramática que indica la finalidad y criterios para un uso inteligente de los bienes de la creación, no instrumental ni arbitrario.

•El hombre interpreta y modela el ambiente natural mediante la cultura, la cual es orientada a su vez por la libertad responsable, atenta a los dictámenes de la ley moral.

•La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. No sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos; debe proteger sobre todo al hombre de la destrucción de sí mismo.

Nota: Estos párrafos forman parte de una estrategia de sensibilización realizada en el marco del proyecto “Gestión comunitaria para la reducción del riesgo de desastres y respuesta ante el Cambio Climático” con las Cáritas de San Cristóbal de Las Casas y de Tuxtla Gutiérrez (2001-2012). Anexamos el vínculo para leer el texto completo. Agradecemos sus comentarios y sugerencias. (Ver este artículo y más documentos de sensibilización http://www.caritas.tv/component/content/article/42-rokstories/2074-marco-teologico-pastoral-de-la-problematica-ambiental.html )

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