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Sandro Flores, responsable de Cáritas Quito, no descansa. Su labor para consolidar Cáritas Parroquiales en el norte de la capital lo lleva, los viernes y cada 15 días, a trabajar con el párroco de San Juan Bautista, en el Cotocollao de hoy, moderno y complejo. Son las nueve de la noche y despedimos fraternamente al P. El P. Diego Andrade. Desde sus tiempos de seminarista, el nuevo párroco conoció el trabajo pastoral vocacional, sacerdotal y urbano. Ahora quiere que Cotocollao tenga una Cáritas Parroquial activa y abierta.  

Durante dos años y medio, y como párroco de San Pedro de Conocoto, el P. Andrade impulsó una Cáritas Parroquial fuerte; esa experiencia le da confianza para seguir andando y organizar la nueva Cáritas de Cotocollao: “Como dice el Papa, una parroquia sin Cáritas no es Iglesia. En estos ocho meses que llevo, he recibido la voluntad cristina, sobre todo de mujeres, pero también hay jóvenes, personas jubiladas y mayores, profesionales y benefactores que apoyan con dinero”.

El P. Andrade, ayudado por Cáritas Quito, está capacitando a un grupo mixto –religiosas y laicos–, para que sirva, para que salga y dé al prójimo un apoyo que reivindique su dignidad perdida. “Francisco dice que hay que invertir en Cáritas, no llenarse los bolsillos sino ayudar. Como dice él, si es necesario hipotecar a la Iglesia para ayudar a los pobres, pues a hipotecarla. El papa Francisco es un puente; yo estoy contento, pues se ve un cambio, una renovación».

«El Papa pide una Iglesia abierta, con las puertas y el corazón abierto, que se equivoque si es necesario, pero que no se quede quieta” Mientras conversamos con el P. Diego, Sandro está dialogando con el grupo sobre la misión social del laicado: trabajar por el sueño de Dios en un mundo diferente.

Durante el refrigerio –una empanada de morocho inmensa, calientita y deliciosa– conversamos con Patricia Sandoval, una de las más entusiastas colaboradoras de la parroquia. “Estoy en Cáritas de Cotocollao porque quiero ser un instrumento de Dios y ayudar al prójimo. Cáritas me permite ver en el prójimo el rostro de Jesús; ayudando a los demás confirmo mi amor y mi fe en Él”.

Continúa contándonos Patricia, que maneja una ferretería: “Aquí en la Cáritas trabajamos más de 15 personas; vemos videos, compartimos, dialogamos y, sobre todo, nos capacitamos para devolverle la dignidad al pobre. Queremos servir bien y para eso nos capacita Cáritas. Servir con amor y dar dignidad y alegría”.

En estas visitas, acompañando a Sandro, vemos aterrizado ese mensaje evangélico, alegre, de una Iglesia en salida. Pertenecer a una Cáritas Parroquial es asumir esa labor de caricia a los menos favorecidos.

Cáritas Parroquial es experiencia activa, oración en la acción, fe en la ayuda, apoyo abierto, unión de voluntades. Esperamos con expectativa que en el Primer Concurso que hemos convocado para las Cáritas Parroquiales vayan apareciendo esas experiencias nuevas, que enseñen cuál es el camino, cómo se siembra, qué se cosecha.

¡Ánimo, P. Diego, ánimo, Cáritas Cotocollao y Cáritas Quito, ánimo, Cáritas Parroquiales de todo el país!

¡Ustedes son la IGLESIA EN SALIDA

que pide el papa Francisco!

Foto: www.panoramio.com

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