La “Jornada Mundial del Enfermo” ,se celebra todos los años, el 11 de febrero. Esta celebración fue instituida el 13 de mayo de 1992, por el papa Juan Pablo II.

 

La celebración anual de la “Jornada Mundial del Enfermo” tiene por objetivo:

 

  • Sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las varias instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos.
  • Ayudar al enfermo a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento.
  • Hacer que se comprometan en la pastoral sanitaria de manera especial las diócesis, las comunidades cristianas y las familias religiosas.
  • Favorecer el compromiso cada vez más valioso del voluntariado. Recordar la importancia de la formación espiritual y moral de los agentes sanitarios.
  • Hacer que los sacerdotes diocesanos y regulares, así como cuantos viven y trabajan junto a los que sufren, comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos.

 

Cada Jornada del Enfermo es, o ha de ser, una nueva oportunidad evangelizadora. Marcada por María y la Alegría: «La persona que viva en profundidad la alegría del Evangelio adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás». «El mundo de la salud y de la enfermedad es hoy, igual que ayer, lugar privilegiado para la nueva Evangelización: Jesús anuncia el Evangelio del Reino curando, y confía a sus discípulos la misión de curar».

 

  1. El Papa nos recuerda . que la fe no hace desaparecer la enfermedad, sino que ofrece   una   clave   para   poder   descubrir   su   sentido   más profundo; y en esta clave María es una experta. Ella descubre la dificultad, la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. Así, Caná se convierte en un icono de la Iglesia.

 

  1. La familia. ¡Qué gran papel el suyo! y ¡qué difícil a veces! Debemos reconocer y valorar siempre su entrega, su testimonio, pero también cuidarles pues muchas veces necesitan apoyo, cercanía, escucha y ayuda para vivir de manera más sana, humana y cristiana la enfermedad de su ser querido.

 

  1. Las comunidades. Como nos dice el Papa: «Donde la Iglesia esté presente, allí  debe  ser  evidente  la  misericordia  del  Padre.  En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia».

 

  1. Valorar el papel de la mujer en el mundo de la salud. Enriquecer la teología y la pastoral desde las claves femeninas que nacen de toda la experiencia del servicio a los enfermos y al mundo de la salud. María como icono de esta teología y eclesiología que refleja el rostro real del Padre de la Misericordia.

 

Destinatarios de la Campaña

 

Los enfermos y sus familias. Los Profesionales de la Salud.

Los servicios de asistencia religiosa de los hospitales.

Las instituciones sanitarias y socio-sanitarias, especialmente las de la Iglesia.

La  jerarquía  de  la  Iglesia,  los  Organismos  de  promoción  y decisión pastoral y las Instituciones docentes de la Iglesia en el campo de la Pastoral.

Las comunidades cristianas y equipos de pastoral de la salud.

Las   congregaciones   religiosas:   educación,   sanidad   y   vida contemplativa.

La sociedad en general.

 

Para concluir, en primer lugar,  invitamos a elevar vuestra mirada al Padre para agradecer su amor hecho realidad de forma definitiva en Jesucristo y manifestado también en María y en los sirvientes del banquete del Reino: las madres y demás familiares que no cesan de ofrecer confianza y acompañamiento a sus enfermos, las parroquias y sus agentes de pastoral de la salud,  los profesionales sanitarios católicos, los voluntarios y los mismos enfermos. Suplicamos, también, a Dios que nos ayude a adquirir la mirada y el corazón compasivo de Jesús, que nos haga partícipes de la confianza y la actitud acompañante de María, que nos dé fuerza y determinación para vivir las obras de misericordia cerca de los enfermos y sus familiares. Y, finalmente, que con su bendición convierta el agua de nuestras acciones pastorales en vino de salud y consuelo para los que sufren.

 

 

Hna. Ruth ma. Segarra Orellana,mt.

COORDINADORA  NACIONAL DE LA  PASTORAL DE LA SALUD

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