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Entrevista publicada en Diario El Comercio el 06/12/2012

Sonrisas que alimentan nuestra fe. Así se llama la campaña de Navidad 2012 de la Pastoral Social Cáritas Ecuador (PSCE). El objetivo: despertar la solidaria en beneficio de los niños y niñas en situación de vulnerabilidad. Monseñor Julio Parrilla, presidente de la PSCE, reflexionó sobre esta campaña y el verdadero sentido de la Navidad.

¿Qué hacer para tener una Navidad feliz?

Las cosas no se pueden improvisar, es difícil tener una Navidad feliz si uno no lucha cada día por tener una vida feliz. La Navidad, de alguna manera, es el catalizador de la vida, de aquellos valores a favor de la solidaridad, la justicia, el amor, la paz… Pero si tu vida es un desastre y vives desubicado, en medio de tensiones y ansiedades es muy difícil que la Navidad sea feliz. Máximo será una Navidad estereotipo, tratando de compensar, en un momento, la bondad, los buenos sentimientos y deseos ausentes el resto del año.

¿La Navidad es propicia para las causas sociales?

Es una tradición que primero perteneció a la Iglesia y después pasó a la sociedad, en su sentimiento filantrópico. Cuando la Navidad va unidad a la familia, a los sentimientos de bondad y generosidad, es muy propicia para que todo el mundo trate de hacer algún tipo de gesto u obra social. La solidaridad no es solo cuestión de dar dinero, hay que mirar con el corazón… Efectivamente, a veces lo más fácil es dar dinero, sobre todo cuando te sobra. Pero la solidaridad no es solo un tema de limosna, es una aptitud ante la vida. Hay que comprometerse con el prójimo que sufre carencias y necesidades. La solidaridad no puede ser un sentimiento difuso, debe ser compromiso de vida de todos los días de la vida.

Los psicólogos dicen que las personas altruistas son más felices que aquellas egoístas, ¿qué opina?

La felicidad está más en dar que en recibir, de hecho si uno reflexiona sobre la propia vida se da cuenta que los momentos de mayor satisfacción no son solo cuando das algo sino cuando uno se ha comprometido personalmente. Ese compromiso crea vínculos, relaciones, responsabilidades y no hay cosa que dé mayor satisfacción al espíritu humano que sentirse útil, responsable, solidario con la necesidad, con el dolor, con las carencias que los demás tienen. La fe cristiana, de alguna manera, nos obliga y nos empuja a plantearnos la vida desde el altruismo, desde el otro, porque eso es lo que el Evangelio nos enseña.

¿La verdadera solidaridad nos debe conducir a replantear hábitos de consumo justos y responsables?

Es necesario vivir de manera humana y compasiva; es decir, ser capaz de ponerse en los zapatos del otro, así te darás cuenta que lo importante en la vida no es tener cosas. Pero actualmente la Navidad ha quedado devorada por el comercio y la mayoría de cosas que consumimos en esta época, las cuales son absolutamente innecesarias; aunque sí halaga ese concepto de que el hombre, cuanto más tiene, más es. Sin embargo, en el fondo del corazón sabemos que un consumo compulsivo nos lleva también a una gran insatisfacción. Tenemos tanta ilusión de prender las luces de la Navidad y a la final vivimos siempre en la frustración de tenerlas que apagar porque no se puede vivir, todos los días de esa manera. En esta ensoñación consumista se cree que la Navidad también se puede comprar y que se puede vender, pero la felicidad es como el cariño verdadero: ni se compra ni se vende.

¿Es legítimo aspirar a transformar el mundo?

Es legítimo y absolutamente necesario. Si renunciamos a una vida justa, equitativa, solidaria y humana, estamos renunciando a nuestra propia dignidad. La Iglesia siempre nos recuerda que tenemos que volver a un sentido más original y auténtico de la celebración navideña, a una condición más humana porque lo que nos humaniza es el amor, la capacidad de darse y de encontrarse con el otro. Si la celebración de la Navidad se convierte en un bien compulsivo será siempre a costa de algo, quizá de los mejores sentimientos humanos, de la familia, del compartir como valor fundamental. Por eso, la Iglesia insiste tanto que celebremos una Navidad realmente cristiana, familiar, unida al sentimiento de justicia y compasión. Una Navidad que al final te haga feliz.

¿Cómo contribuye Cáritas a esa transformación?

Cáritas es el rostro social de una Iglesia presente en el mundo de los pobres y su gran riqueza se sostiene sobre las pequeñas y grandes parroquias esparcidas por todo el Ecuador. Cáritas no solo se preocupa de repartir cosas materiales, sino sobre todo de llegar al corazón de todos los creyentes de buena voluntad para que sean solidarios. Pero también llegar al corazón de todos los pobres para que sean protagonistas y sujetos de su propia vida.

¿Cáritas no solo ofrece el pescado, sino que también enseña a pescar?

Cáritas no es solo la transmisora de bienes materiales que pasan de una mano a otra. Hay que llegar al corazón y empoderar a la gente de su propia vida, de su propio destino. Y la mejor manera es haciéndola capaz, por eso es tan importante para Cáritas no solo la asistencia a los pobres sino también el desarrollo personal y comunitario.

¿Cuál es el proyecto de Cáritas para esta Navidad?

Este año nos centramos en favorecer los proyectos especialmente con niños. Programas nutricionales, comedores infantiles, trabajo con madres con niños discapacitados; es decir, este año hemos querido centrarnos en la figura de los más pequeños.

¿Por qué los niños?

Los pequeños son los más vulnerables, ellos son los que pagan tantas veces las equivocaciones de los mayores, sus excesos, sus violencias. Lamentablemente tenemos muchos niños abandonados; abusados; carentes de amor, de alimento, de educación, de promoción, de desarrollo. A esas obras más humildes, más pequeñas es a las que queremos llegar a través de la campaña de Navidad. Por eso para nosotros es muy importante la comunicación de bienes, pero no solo de caramelos y galletas porque eso es pan para hoy y hambre para mañana. Por eso Cáritas en esta campaña de Navidad 2012, Sonrisas que alimentan nuestra fe no solo pide galletas, caramelos, también solicita alimentos no perecibles, dinero. Sobre todo dinero porque eso nos permite una ayuda de largo alcance de esos pequeños proyectos para favorecer a los niños.

HOJA DE VIDA
Julio Parrilla Su vida.  Nació en  Orense, España, en 1946. Recibió la ordenación sacerdotal en 1975; llego al país  en 1992, como sacerdote en Portoviejo. En el 2008  fue  Obispo.

Su experiencia. Es licenciado en Filosofía (Universidad de Roma, 1970), en  Teología (Universidad de Salamanca, en 1971).

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