El grupo de Cáritas en la Parroquia “Virgen de Fátima” de Esmeraldas concreta su labor de ayuda social entregando a las y los ancianos víveres, medicinas, útiles de aseo y otros objetos de primera necesidad. Antes de actuar, levantan un diagnóstico de la realidad económica, familiar y social en la que vive la persona beneficiada, con el fin de direccionar su servicio hacia a las personas más vulnerables de nuestra parroquia.

Cuando los resultados del diagnóstico han sido analizados, y contando con la colaboración del Párroco, proceden a levantar recursos mediante donaciones, venta de ropa usada y venta de comidas; así loran que los parroquianos colaboren y ayuden a ayudar.

Todos los martes, a las 4:00 pm, se reúne el grupo de voluntarias/os para organizar los paquetes de ayuda a las y los ancianos: unas 50 fundas con una “canasta básica”, que serán entregadas los jueves en la mañana. Es la experiencia de Dios quien guía a la acción voluntaria de estas solidarias mujeres que forman la Cáritas Parroquial de La Virgen de Fátima en Esmeraldas. La entrega de las fundas es precedida por una oración y una reflexión sobre la Palabra de Dios y la bendición del Párroco.

Annabell Intrigao de la Cruz forma parte del grupo voluntario de Cáritas Parroquial de La Virgen de Fátima: “Hace 12 años el Señor me llamo a través del padre Alberto Vernaza (…) Me crie en una familia que, a pesar de no ser católica activa, siempre me inculcó el principio de la solidaridad, y ese ejemplo fue el pilar fundamental para incursionarme en este grupo.

“Para mi esta llamada fue una bendición de Dios, porque era algo que me nacía hacerlo desde el fondo de mi corazón, era un llamado que sentía ante la realidad de tantos hermosos y hermanas necesitados de sentirse amados y escuchados, de sentirse hijos de Dios, de ver la situación de soledad, pobreza y abandono que viven muchos adultos mayores, especialmente en los barrios alejados, era un llamado a vivir el amor haciendo prójimo a los hermanos que sufren y al mismo tiempo era la oportunidad de retribuir las bendiciones que recibo de Dios todos los días”.

“Aprovecho esta oportunidad para contarles una anécdota: en el barrio el Regocijo, vivía un matrimonio, el esposo Andrés Bone (no vidente) y dona Carlotita (pilèptica). Su vivienda es era muy pobre y poco higiénica, lo que le generó a él sarna en la piel. Fuimos a visitarlos acompañadas por dos religiosas, la Madre Mery y Nancy y lo bañamos con un jabón especial traído de Kenia. Mientras lo bañábamos y le echábamos agua él era el hombre más feliz del mundo, quedando limpio y oloroso”

“Luego les sacamos el colchón y las sabanas y limpiamos la casita, regresamos al tercer día para ver los resultados y cuál fue la sorpresa estaba molesto, no nos quería recibir, decía que le habíamos puesto un tratamiento de caballo, porque se le estaba cayendo la piel, ya no le picaba pero el efecto del jabón provoco que se le desprendiera la piel afectada. En pocos días, don Andrés se recuperó”.

“Ver en ellos la alegría y agradecimiento con que reciben la ayuda es para nosotras el motivo y el motor que nos impulsa para seguir en esta labor, y si para conseguir los artículos debemos que pedir a las personas o si tenemos que realizar mercados de pulgas , con la ropa que dona las personas del barrio, o si tenemos que realizar una venta de comida, lo hacemos si sabemos que el beneficio va dirigido a nuestros hermanos”.

“Cuando se conoce y se vive la realidad de un grupo como es el nuestro, de personas mayores, muchos de ellos abandonados y otros olvidados por sus familiares cercanos o simplemente porque la situación económica actual es difícil para todos, y al ver que lo nuestro en algo los alivia, nos esforzamos en no fallarle a esas personas. Sentimos que la oración es fundamental en nuestra labor; por esta razón, antes de trabajar invocamos al Espíritu Santo”

Amigas voluntarias de la Parroquia de la Virgen de Fátima en Esmeraldas: gracias por compartir con nosotros su experiencia de amor y fe. Sigan adelante, que el Espíritu Santo las ilumine y fortalezca esa voluntad generosa, de amor a los que menos tienen.

Ustedes nos dan una lección de humilde servicio. Que Dios las bendiga y llene de su Gracia. Esperamos que el próximo año vuelvan a participar en el Concurso de Cáritas Parroquiales, ampliando su cobertura de solidaridad, enriqueciendo esa generosa labor de ver al Señor en el rostro de las y los excluidos.

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