Jimmy López, de 24 años, quedó atrapado en la trata tras dejar a su familia en Honduras, para ir a Estados Unidos. Su historia nos recuerda la vulnerabilidad de los niños migrantes, ante la trata y la necesidad de protegerlos y defender sus derechos.

Mis padres solían trabajar sin descanso, para que yo pudiera ir a la escuela, en Honduras. Pero me di cuenta de que ellos no tendrían nunca lo suficiente para mandarme a la escuela, ni a la universidad, ni para ofrecerme las oportunidades que yo quería tener.

Además, había pandillas en Honduras que te mataban si no querías unirte a ellas. Dos amigos míos fueron asesinados. Me escondí, porque estos grupos me estaban buscando a mí también.

Dejé mi Tegucigalpa, la capital de Honduras, cuando solo tenía 12 años, junto a otros dos muchachos, de 12 y 14 años. Tomamos un autobús hasta la frontera de Guatemala. Yo iba con el miedo de que nos estuvieran siguiendo las pandillas.

Vía caritas.org.

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