Durante más de tres décadas, Cáritas Tulcán, a través de su Pastoral Penitenciaria, ha acompañado a las personas privadas de su libertad con espacios de formación, acompañamiento espiritual y de integración.

Esta labor es posible gracias a la participación de voluntarias y voluntarios que brindan su contingente en el Centro de Privación de Tulcán.

Orlando Rueda, Coordinador de la Pastoral Penitenciaria, destaca la labor del voluntariado como un servicio de entrega y compromiso hacia las personas internas que necesitan reinsertarse y mejorar su calidad de vida.

Cáritas Ecuador conversó y recogió los testimonios de las personas que realizan el voluntariado en la Pastoral Penitenciaria de Cáritas Tulcán, quienes nos expresaron su sentir y la razón de ser de su voluntariado y su compromiso al formar parte de este equipo de trabajo.

«Acompañar el voluntariado es gratificante porque en ellas y ellos vemos el rostro de Jesús. Ya son cinco años que acompaño al coro de la misa al interior de la cárcel. He dado cursos de guitarra a los hermanos y hermanas y eso me llena de alegría. Las personas que están en la cárcel son las más vulnerables y olvidadas de la sociedad y eso me motiva aún más para acompañarlas ya que esas personas también tienen dignidad», así lo señala Carlos Ayala, voluntario de la Pastoral Penitenciaria.

Narcisa Rosero lleva cinco años como voluntaria, acompañando a personas privadas de su libertad. «Llevo 5 años en la Pastoral Penitenciaria, empecé visitando a nuestros hermanos en la cárcel y luego aprendí a dar talleres y compartir con ellos aquellos valores perdidos. Ayudamos en algunas actividades, en algunos casos a buscar medicinas y en otros casos a darles fortaleza. No tenemos que buscar recompensa, el señor me encamino a este lugar y saber que estoy mirando en ellos el rostro del señor. Cáritas es amor, compartir la fe hacia los demás y en especial hacia los hermanos caídos», comparte.

En el mismo equipo de voluntarios está Sandra Barrezueta. «Hace 12 años que trabajo en la Pastoral Penitenciaria y me motivó mucho una invitación de una hermana. Me gusta este trabajo con las personas privadas de la libertad, porque cuando comparto con ellos se sienten felices y agradecen. Nosotros les llevamos la buena nueva la palabra de Dios y lo hacemos con amor y fe. Mientras el señor me preste la vida yo seguiré en la
Pastoral Penitenciaria. Estos tiempos de pandemia han sido difíciles, a pesar de los contratiempos, hoy estamos limitados, pero eso no nos impide que continuemos con nuestra labor».

Para mí personalmente Cáritas significa amor, es la expresión más grande de la fe que uno dice tener, porque a través de Cáritas lo hemos vivido, sin estar uno hablando de Dios, por ejemplo, con los presos, con los abuelitos, con la gente que está en la calle, cualquier cosa que uno se acerca y hace por ellos, inmediatamente invocan un Dios le pague, entonces en Cáritas uno hace presente el amor de Dios. A nivel de la Iglesia, Cáritas es el lado social deservicio concreto y material hacia el pueblo de Dios», finaliza Rueda.

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