En el marco del Día del Migrante (18 de diciembre) queremos hacer unas reflexiones y plantear acciones para ser tomadas en consideración y puestas en marcha de manera urgente.

Sin lugar a dudas, el año 2018, ha sido muy difícil para migrantes, refugiados y desplazados. Las duras condiciones y las permanentes violaciones a los derechos humanos han generado desplazamientos con altos niveles de vulnerabilidad, injusticia y sufrimiento inhumano.

El éxodo masivo de población venezolana; el recorrido inédito de la Caravana de Migrantes Salvadoreños y Hondureños; el nuevo incremento del desplazamiento forzado en Colombia; la huida de poblaciones Nicaragüenses; las arremetidas contra pueblos originarios en Chile; son tan solo ejemplos de las condiciones en las cuales millones de personas se han visto en la necesidad de salir de sus países, muchas veces sin claridad de los destinos a los cuales llegar.

Estas salidas han tenido como denominador común la falta de plenas garantías para el ejercicio de los derechos humanos por parte de los gobiernos.

Otra dura realidad, está representada porlas condiciones en las cuales las personas se movilizan, que son cada vez peores. Y muchas veces se agravan, puesto que la vulnerabilidad al migrar afecta con mayor medida a mujeres, niñas y niños, población con discapacidad, grupos GLBTI, pueblos afrodescendientes e indígenas, entre otros.

Reiteramos que no deja de preocuparnos la respuesta de los estados por los cuales transitan o a los cuales quieren llegar las personas. En la gran mayoría de casos, los gobiernos no han dado soluciones duraderas e incluso se han adoptado medidas que violentan los derechos de las personas y agravan sus condiciones de vida. Desde la generación de marcos normativos e inconstitucionales hasta la adopción de estrategias de criminalización de las personas migrantes y refugiadas han sido la tónica frente a los diversos desplazamientos.

Las organizaciones de la sociedad civil han sido las únicas que han dado respuestas, claras y eficaces pero que son insuficientes frente a la gran demanda de necesidades; y las mismas, muchas veces, solo han podido paliar las diferentes emergencias presentadas en la región.

Nos duele ver expresiones de xenofobia, racismo e intolerancia en ciertos sectores de la ciudadanía latinoamericana; en todos los casos aupada por grupos de poder que pretenden responsabilizar de las crisis nacionales a los propios migrantes. E incluso que han llegado a actos de violencia como nunca antes lo habíamos visto en una región que históricamente ha sido, es y será migrante. Aunque también hemos visto y reconocemos las diversas muestras de
solidaridad de los pueblos, misma que aspiramos crezcan significativamente.

Frente a este panorama, aspiramos a que el año que viene generemos esperanza y las posibilidades de construir sociedades incluyentes y justas. Por esto, las organizaciones aquí firmantes presentamos un pliego de demandas:

  1. Exigimos que todos los estados velen por el cabal cumplimiento de los derechos humanos en cada uno de sus territorios, de tal manera que las personas puedan ver a la migración como un derecho y no como la última opción para salvar sus vidas.
  2. Llamamos a los estados a cumplir a cabalidad sus compromisos asumidos en el marco de la adopción de diversos instrumentos internacionales tales como la Convención de Derechos de los trabajadores Migratorios y sus Familias; la Convención de Derechos de los Refugiados y su Protocolo; la Declaración de Cartagena; entre otros.
  3. Pedimos a los gobiernos de todos los países de nuestro diverso continente que adopten medidas que propendan a garantizar los derechos de migrantes y refugiados. La adopción de amnistías migratorias, la flexibilización de las condiciones para la regularización, el acceso a los derechos son parte importante para el desarrollo de mejores condiciones de vida.
  4. De la misma manera, solicitamos a los gobiernos que permitan la participación activa de las organizaciones de la sociedad civil, pues estas han demostrado tener capacidad de generar propuestas amplias y con respuestas efectivas.
  5. A la ciudadanía de los diferentes países pedimos redoblar esfuerzos para ampliar la solidaridad con las y los migrantes y refugiados, a que cada una de las personas pueda ser acogida, protegida, promovida e integrada, como lo propone el Papa Francisco, y de esta manera combatir los brotes de xenofobia y discriminación.

¡TODAS Y TODOS SOMOS MIGRANTES!
¡NINGUN SER HUMANO ES ILEGAL!
¡MIGRAR ES UN DERECHO!

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