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Quito, 26/03/14.- Es el nombre de la campaña que las redes de la Compañía de Jesús en Latinoamérica promociona: la cultura de acogida, de solidaridad y de construcción de paz.

La hospitalidad abre fronteras internas y de este modo se lanza a abrir las fronteras geográficas y simbólicas de exclusión entre los países y dentro de las grandes urbes.

Las redes de la Compañía de Jesús invitan a reconocer que, desde la experiencia concreta de quienes se han desplazado forzadamente o son refugiados. Por esta razón, se plantea un reto común como sociedad: las fronteras están dentro de nuestro corazón, y siempre, en comunidad, es posible comenzar de nuevo.

Desde las dinámicas artísticas y culturales, deportivas y lúdicas, los jóvenes se encuentran para construir conjuntamente, entre recién llegados y comunidades de acogida, una muestra práctica del valor de la hospitalidad.

Compartimos el siguiente mensaje:

Los mensajes de la campaña apuntan en la dirección de dar visibilidad  a los jóvenes, adolescentes, niños y niñas en situación de desplazamiento forzado desde Colombia, o de refugio y migración forzada en los países vecinos de Colombia: Panamá, Venezuela, Ecuador.

En la actualidad, las personas migrantes, refugiadas o desplazadas están entre las más discriminadas, sobre todo si se encuentran en situación irregular. Con frecuencia son objeto de actitudes, conductas y políticas que no respetan su dignidad ni sus derechos. Se las trata como “ilegales”, “sin papeles”, “indocumentadas”, “clandestinas”: todas estas palabras y términos negativos y discriminatorios que las definen muy mal. , empleando términos negativos.

También se motiva la animadversión en contra de ellas al presentarlas como “antagonistas”, “invasoras” que “nos roban el trabajo”, “ocupan nuestros hospitales y escuelas”, a la vez que se olvida que el problema real es la injusta repartición de la riqueza y que con unas auténticas políticas de equidad e integración social habría recursos y sitio para todos y todas. Urge un cambio de conciencia, de actitud. Abrir el corazón a la hospitalidad, a la acogida, al verdadero amor cristiano es lo que debemos interiorizar, como una forma realmente católica de vivir esta Cuaresma.

 

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