La ciudad de los Reales Tamarindos fue la sede de la Asamblea Arquidiocesana por los 60 Años de Cáritas en Ecuador, donde más de 110 personas entre agentes de pastoral y voluntarios de Cáritas Parroquial de la Arquidiócesis de Portoviejo, participaron del encuentro. El padre Edwin Delgado, director diocesano, fue el encargado de dar la bienvenida y animar con la oración para iniciar la asamblea.

El coordinador del Área de Formación de la Secretaria General de Cáritas Ecuador, Mauro Da Rin Fioretto, quien facilito la jornada formativa, destacó que aspira encontrar luz y esperanza en tiempo de pandemias no solo de Covid, sino de tantos males que se dan en nuestra sociedad.

Durante la asamblea, el capacitador acompañó a ver «como el Señor está inquieto por muchos/as de sus hijos/as que no son felices y quiere salvarlos/salvarnos. Las comunidades parroquiales y en ellas los grupos Cáritas son parte importante de la respuesta de salvación de Dios para esta historia que vivimos».

La presencia de los agentes de pastoral y voluntarios de las distintas Cáritas Parroquiales, se tomaron su tiempo para reflexionar sobre el bien y el mal del hombre, así como la solidaridad y la esperanza que está latente dentro del hombre.

Las parroquias que participaron en la asamblea de Cáritas Parroquial el sábado 19 de junio en Portoviejo fueron: La Dolorosa (Manta), Inmaculada Concepción (Puerto López), María Madre, San. Ignacio de Loyola, San, José , Cristo Resucitado, Niño Jesús, Monserrate, Sagrado Corazón, Parroquia Pedernales, Nuestra Señora de la Paz (Manta), San Roque, San Juna Bosco, Espíritu Santo, San Patricio, Divino Niño, La Merced, San Pedro, Perpetuo Socorro, Encarnación (Jipijapa), San Esteban (Charapotó), Santa Lucía, Corpus Christi, San Martín de Porres, Sagrada Familia, San Pablo VI, Catedral, Nuestra Madre del Rosario, Santísima Trinidad, San Pablo, Cristo del Consuelo (Portoviejo) y Pastoral Penitenciaria.

Te compartimos las principales ideas que salieron del encuentro:

Entendemos que la mayor parte de los males que hay en este mundo dependen del corazón malo de los hombres. Si el corazón de los hombres fuera bueno, la mayor parte de los males del mundo ya no existirían y los que quedarían, como señal del hecho que el mundo es provisional y es limitado, los afrontaríamos con tal solidaridad y cariño los unos para con los otros, que sembraríamos también la esperanza dentro del dolor.

Entonces se entiende el problema que tiene el Señor Dios: es de tener a disposición una fuerza que pueda entrar bien dentro de los hombres, que pueda agarrar su corazón y cambiarlo: de corazón malo a corazón bueno, de corazón egoísta a corazón generoso, de corazón frío a corazón sensible, de corazón que se apodera a corazón que es dispuesto a donar; porque si el Señor Dios lograra de hacer un trabajo de este tipo, de veras aquellas cosas feas que vemos en el mundo de hoy no sucederían más. Esta fuerza es el amor gratuito y hasta no merecido. ¡Vencer el mal a fuerza de bien!

En el evangelio de Lucas al capítulo 4 Jesús al inicio de la vida pública anuncia la buena noticia de un año de gracia, propone como un jubileo perpetuo en que Dios será el rey: el Reino de Dios. El Reino es la autoridad de Dios que se extiende a los hombres. En la antigüedad había dos tipos de reyes: los que oprimían al pueblo para vivir bien ellos y sus nobles, y los que protegían al pueblo para que viviera mejor. Dios decide compartir esta manera de ser Rey: su sueño de justicia y bien para todos. Y toma la decisión de inaugurar su Reino. El Reino de Dios no tiene que ver sólo con la oración o el culto, ni sólo con la espiritualidad o los sentimientos personales, sino abarca toda dimensión humana: cuerpo y espíritu, individuos y sociedad, historia y eternidad.

La respuesta de Dios para los males del mundo es el amor gratis que empieza desde los pobres… una manera «nueva» de vivir, ver el mundo y las relaciones. No desde la perspectiva económica: te doy algo si gano más, si me conviene, sino desde el amor. ¡Te doy algo (hasta la vida como Jesús en la cruz) gratis! Porque te amo, eres mi hermano/a.

Jesús nos pide hacer como Él… Es Él el buen samaritano… Injertó en la historia la fuerza capaz de cambiar el mundo y resolver los males que tenemos: el amor. ¿Cómo cambiar el corazón de las personas? Con un amor sin condiciones… Si se quiere cambiar el corazón malo de un ser humano y hacerlo bueno, hace falta tener la valentía de ir hacia esta persona con una estima que no se merece, con una confianza que no se merece, con un cariño y un amor que no se merece. Hace falta intentar de imaginar cómo podría ser esta persona si fuera totalmente buena y hace falta tratarla ya ahora, cuando aún es mala, como si fuera totalmente buena. Ésta es la única manera para convertir en buena una persona mala. No hay otro camino.

Nosotros (parroquias, grupos Cáritas parroquiales, pastorales específicas) deberíamos ser esta respuesta de Dios, estos signos de salvación para los/as pobres.

Hacemos el bien para anunciar que Dios ama a sus hijos. Esto es ser la caricia, la expresión de la ternura del Padre para los/as pobres.

 

Las dimensiones fundamentales de la Iglesia son Anuncio-Liturgia y caridad en la comunidad… La Cáritas parroquial es justamente la experiencia organizada en la comunidad de la Caridad y su objetivo principal es de animar la comunidad entera a vivir el amor, después hay unas funciones importantes:

  1. Atención primaria (asistencia) en la emergencia;
  2. promoción humana;
  3. trabajo por la justicia.

Al final de la jornada de la asamblea, este fue el mensaje final y esperanzador de los participantes.
El Señor necesita una antena de satélite sobre esta tierra que reciba estos rayos de amor que vienen de lo alto y los haga, con un decodificador, leíbles sobre la tierra.

Necesita comunidades cristianas que, escuchando el evangelio, recibiendo los sacramentos, sean alcanzadas así por la fuerza del Espíritu Santo para poder tener una enorme potencia de amor para donarla a los otros, aunque no lo merezcan, de manera que estas otras personas alcanzadas por un calor de amor tan fuerte sientan a su vez el deseo de ser mejores y de transmitir a los otros esta bondad.

Éste es el trabajo de Dios entre nosotros, por esto ustedes son voluntarios/as de la Cáritas: no para explicar conceptos, no para imponer una moral, sino para hacer de manera que el Señor Jesús pueda tener sobre esta tierra un cuerpo que diga palabras de amor y haga gestos de amor con corazón lleno de amor; porque el Señor Jesús pueda disponer sobre esta tierra de una corporeidad que sea bendición, que sea buena novedad para los pobres de manera tal que ellos puedan decir: «Hasta cuando habrán cristianos podemos esperar. Hasta cuando habrá encuentros de catecismo, puede existir una humanidad un poco mejor de aquella que estamos experimentando».

Nosotros tenemos en mano la medicina que puede curar el mundo de sus muchos males.

Algún día veremos el rostro del Señor. Ahora nos toca cuidar su imagen.

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