Nuestro río madre, el más caudaloso del mundo, el más rico en biodiversidad, la fuente de agua dulce más abundante del planeta y el hogar de cientos de culturas indígenas, “cumple” 474 años hoy, 12 de febrero. Las comillas se deben a que este espacio privilegiado de la Tierra tiene millones de años, y la presencia humana en este territorio puede remontarse a 8.000 años a.C. Algo tan grande y antiguo no cumple años y, menos aún, pudo haber sido descubierto.

Francisco Pizarro intentó penetrar la inmensa selva amazónica, en busca de canela y oro, pero no le fue bien. Otro conquistador, que por excepción era ilustrado –hablamos de Américo Vespucio– consideró que en el Arca de Noé era imposible meter tanta variedad de animales. Fue Francisco de Orellana el que terminó llevándose la “gloria”.

Orellana llegó a ser uno de los conquistadores más ricos de la época colonial. Vino a hacer la América cuando apenas había cumplido 16 años. Familiar de Pizarro, se enemistó con él, pero logró lo que muchos españoles y portugueses quisieron hacer: llegar al gran río e intentar conquistar la selva.

La crónica de la expedición de Orellana mezcla lo real con lo legendario, incluyendo un episodio en donde él y su gente fueron atacados por guerreras –este hecho dio origen al nombre con el que actualmente nos referimos al caudal de vida: el río Amazonas–.

Más allá de la historia y la leyenda, lo que hoy nos interesa es todo el potencial y la importancia que tiene el río Amazonas para nuestra América Latina y para la humanidad, ya que es el pulmón del mundo y su flora aún es desconocida por la ciencia, aunque los conocimientos ancestrales saben harto de los milagros médicos de muchas de sus plantas.

La Red Eclesial Pan Amazónica (REPAM) ha asumido la custodia y defensa del río, de la vida que él genera y, sobre todo, de las culturas y pueblos ancestrales que habitan en las riveras de sus afluentes y en el corazón de esta selva. Son siete países que, convocados por la Iglesia, han formado una Red cuyo `principal objetivo es custodiar este tempo de vida.

Hay una relación directa, demostrada científicamente, entre la vida humana y el papel que cumple la Amazonía. Si la Amazonía desaparece depredada por el ser humano, el ser humano también desaparecerá.

La Amazonía está en serio peligro. En Ecuador, una amenaza real es visible cuando vemos que hay extracción petrolera, hay minería contaminante y hay tala indiscriminada de árboles.

En Bolivia, se prepara una carretera que parte en dos el TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Natural Isidoro Sécure, con más de 1.2 millones de hectáreas de selva virgen); este proyecto cuenta con la anuencia del Estado boliviano. En Colombia, acaban de aprobar una peligrosa ley que permite convertir un camino de herradura en carretera, incluyendo los Parques Nacionales; lo más triste es que la ley ha sido aprobada sin debate alguno.

Y de Brasil, mejor no hablar: la deforestación impera, para sembrar maíz o soya, con el fin de producir biodiesel. Qué absurdo e irónico: la tierra es sembrada para alimentar carros, buses y camiones, mientras hay hambre en el mundo.

Ha sido la REPAM quien se ha puesto a la cabeza de la defensa de la vida en la Amazonía, con énfasis en el respeto a la dignidad de los pueblos que la habitan. La REPAM necesita que millones de suramericanos tomemos consciencia de lo que está sucediendo en la cuenca amazónica. Y que esta consciencia se transforme en acciones que visualicen la situación, que sensibilicen, que informen, que se opongan a proyectos extractivos y contaminantes, y que detengan ya la deforestación.

Siendo la Amazonía la razón de ser de la REPAM, en esta nota queremos dejar de lado lo del “descubrimiento” y el “cumpleaños” para llamar la atención de todas y todos los católicos de América y el mundo para que tomen consciencia de lo que sucede allí y asumamos por fin rol de custodiar la vida. Que cada cristiana o cristiano sienta como suya la vida que en este territorio privilegiado prolifera para bien de la especia humana. “Amazonía: fuente de vida en el corazón de la Iglesia” no es un mero eslogan de l REPAM: es la ruta indicada que debemos tomar como pueblo católico para conservar la vida en la Tierra, un legado de Dios para su más amada creación: el ser humano. Bien clara es la situación para el Papa Francisco: “Ser custodios y no dueños de la Tierra”.

¡Todas y todos, a defender estas 7.2 millones de hectáreas bendecidas por nuestro Creador!

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