Al sur de Quito, y sobre la Av. Maldonado, está ubicada la Parroquia de La Arcadia. Hilda Panchi es la coordinadora de varios programas parroquiales que muestran cómo se hace verdad ese afán por los que menos tienen. Hilda lleva ya diez años trabajando voluntariamente en una labor comunitaria que llena de sentido su vida, a pesar de los sacrificios.

“Comenzamos a trabajar hace diez años, con el padre Eduardo; luego vino el p. Juanito y ahora estamos con el P. Ricardo. Cada tres meses nos reunimos con otras Cáritas Parroquiales para intercambiar experiencias y mirar el camino a seguir. Aquí, en La Arcadia, tenemos tres actividades básicas: el comedor comunitario, el ropero comunitario y el “barcito” de los domingos. Somos ocho las personas voluntarias que trabajamos”.

“Hay gente que cree que en esto se gana plata o que el trabajo es duro, y no vuelven más, pero nos mantenemos nosotras, sobre todo somos tres que estamos fijas en la Cáritas de la parroquia. Mire, una vez al mes, el domingo les damos a las personas mayores una funda con arroz, fideos, sal, azúcar y otros productos. Seleccionamos a quienes más lo necesitan y así les apoyamos en su alimentación, porque están solitos o son muy pobres; ahora favorecemos a 50 o 60 personas cada mes con este pequeño mercadito”.

“El comedor comunitario funciona los domingos, para las abuelitas y abuelitos. Les damos un almuerzo y el que tiene paga $0.50 y si no tiene, igual le damos. Esta idea nació con el P. Eduardo y nos colabora mucha gente, como el Mercado de Alimentos, o fieles que traen comida y nosotras preparamos; si es necesario comprar más alimentos, lo hacemos con dineros que quedan del “barcito”.

El comedor es cada domingo, para la 3ª. Edad, se cobra o.50 pero si no hay, es gratis. Con el barcito solventamos el comedor. Tratamos de autofinanciarnos. Para el almuerzo compramos, pero hay gente que dona y así solventamos el comedor. Son ya ocho años, con el P. Eduardo. Nos colaboran desde el Mercado de alimentos, pero también compramos lo que nos hace falta, ayudándonos con lo del “barcito” del domingo.

“El “barcito” funciona los domingos, y vendemos gelatinas, colitas, chicles, caramelos, doritos y otras cositas. A veces hacemos $ 130,oo o $ 150,oo, otras veces no nos va tan bien, pero con esa platica completamos para el comedor comunitario. Ahora estamos levantando el segundo piso para la casa parroquial y colaboramos con lo que más podemos. ¡Ah!, también ayudamos con $ 30,oo o $40,oo a gente que necesita comprar recetas médicas”.

”Para mí, estar en las Cáritas Parroquiales es maravilloso. Claro que implica sacrificios, familiares sobre todo, porque los domingos trabajamos de seis de la mañana a dos de la tarde, y hay que dejar cosas en el hogar. Pero ya una puesta en manitos de Papito Dios y de nuestra Madre Santísima, trabaja con alegría de ayudar a los demás. Y también anima la ayuda que recibimos en ropa, en alimentos, en dinero, la gente colabora con nuestro trabajo”.

“Ya son 10 años, ya una se acostumbra, ver a los abuelitos, están felices con nosotras. Todo se entrega con amor. Seguimos adelante”, se despide Hilda desde La Arcadia. Estar con ella y ver la labor que con sus compañeras y el párroco van llevando adelante genera fe, genera da esperanza y, sobre todo, una alegría inmensa al saber que la Cáritas Parroquial es una caricia real de la Iglesia a quienes han sido menos favorecidos. Que el trabajo de Hilda y la Parroquia de La Arcadia siga adelante, para bien de una Iglesia que está en salida.

Escucha las entrevistas.

[wowslider id=”46″]

Haz un comentario:

*

Tu email no se publica.

Síguenos en: