Dejamos de ser cazadores-recolectores gracias a la revolución agraria. Esto sucedió hace más de 15.000 años. El sembrar la casa común nos permitió asentamos y crear pequeñas aldeas, hasta llegar a formar grandes ciudades. Es en estos asentamientos humanos remotos en donde nació el dinero. A partir de entonces, gran parte de la humanidad ha idolatrado a este joven dios, antes corporizado en oro y plata, ahora disfrazado en dinero electrónico.

El joven dios dinero apareció hace poco tiempo: aproximadamente en el año 640 antes de Cristo, el rey Aliates de Libia, en el occidente de Anatolia, ordenó acuñar las primeras monedas de la historia. Estas antepasadas del dólar estaban fabricadas de oro y/o plata y fueron acuñadas con sellos claros de identificación y peso específico del metal “precioso”. La autoridad real garantizaba su contenido, y falsificarlas significaba traicionar al rey y acarreaba pena de muerte.

¿Para qué acuñar monedas? Para facilitar el comercio. Con la moneda se solucionaron problemas lógicos del trueque y se abrieron más los campos comerciales; por ejemplo, en las transacciones no había necesidad de pesar y tampoco tener discusiones subjetivas de calidad, distancia o estado de los productos: todo tenía su precio.

Antes del rey Aliates, cada pueblo creó su moneda. Todo indica que el primer dinero fue la cebada. Ocuparon un lugar importante las conchas: los Incas “monetarizaron” el spondylis, una versión amerindia de las milenarias conchas cauris, empleadas en Asia. Los mayas eligieron el cacao. Los chinos usaron rollos de seda como dinero.

Todas las monedas derivan de Libia, pasando por los denarios y llegando al dinero electrónico. Pero nos estamos saliendo del tema. Además, sería difícil precisar cuándo apareció la veneración al d$; sabemos sí que Moisés condenó la adoración al becerro de oro. Es esta adoración el motivo de nuestra reflexión.

El P. José Luis Caravias S.J. estuvo en Quito a finales del año pasado. José Luis  habló claro del dios dinero; de cómo se maquilla y qué tanto aportan los medios de comunicación por alimentar la idolatría al d$. El P. Caravias criticó el  modo de vida consumista que hace daño a todo el mundo y también a la Casa Común.

Toda la denuncia del P. Caravias queda corroborada por la Carta encíclica Alabado seas, y por la visita papal a América Latina. El dios dinero está entre nosotros. ¿Qué tanto lo adoramos?

El Papa nos pide un cambio de vida, una revolución, una conversión. Esta acción de conservar la vida implica acciones personales, comunitarias, nacionales, regionales y ecuménicas. Es el dios dinero el que mata devasta y contamina la Amazonía. Por el d$ migran millones de personas. Por el d$ violamos derechos humanos. El d$ es responsable directo de la cultura del descarte y de la exclusión.

Por el d$ perdemos la luz de Dios, su Espíritu, su amino, su aliento, su esperanza. El dios dinero es el mayor lastre para construir el Reino. Un Reino en donde no se acuñe moneda alguna, en donde reine el Amor a Dios.

Hay que comenzar ya. Abandonemos tanta comodidad. Recordemos las palabras del Papa: “Porque nuestra fe siempre es revolucionaria”. Comencemos ya esta revolución, partamos desde cambiar nosotras y nosotros. Esforcémonos alegremente, pues contamos con su sabia inspiración. Sintamos con fe: ”El mejor vino está por servirse”.

Foto: razonyfuerza.mforos.com

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