El Padre Luis Alberto Estrella, mi párroco, tuvo una mala experiencia con Cáritas Parroquial en Santo Domingo de los Tsáchilas: con seis señoras voluntarias montó un comedor para personas mayores, pero las voluntarias se enfermaron y quedó él solito con el comedor. Aprendida la lección, el P. Luis Alberto quiere volver a intentar fundar una nueva Cáritas en nuestra parroquia, en San Antonio de Pichincha.

Lo primero que hay que pensar cuando se quiere fundar una Cáritas Parroquial, es tener claras las necesidades: “Una vez identificadas, pedirle a Dios que nos ayude. Que nos ayude a encontrar gente que quiera trabajar”, dice el Padre Lucho. Él se ha tomado tiempo para esta decisión: son muchas las necesidades de San Antonio, parroquia rural “dormitorio”, con más de 60.000 fieles.

“Dormitorio” porque “… es mucha la gente que viene sólo a dormir aquí, pues trabaja en Quito, y poco o nada se involucra con la Parroquia”. Este es uno de los problemas: el poco compromiso de la gente. Si no se asiste a la Eucaristía, va a ser difícil involucrarse, comprometerse con la labor de una Cáritas Parroquial que es, en esencia, misericordia. El Padre Lucho sabe qué terreno pisa y no se da por vencido: quiere que sus fieles sean misericordiosos.

La misericordia tiene al menos dos grandes campos: el espiritual y el corporal. La acción misericordiosa va desde enseñar al que no sabe, hasta enterrar a los muertos. La misericordia es un campo inmenso, en donde se hace real la caridad. Las Cáritas Parroquiales son misericordia, son caridad, son caricia de la Madre Iglesia a su pueblo.

Para el P. Luis Alberto, y volviendo a las necesidades, hay dos necesidades urgentes para trabajar en nuestra Parroquia: asistencia profesional a padres y madres que tienen hijos/as con problemas de drogadicción y alcohol, y asesoría jurídica para situaciones de maltrato infantil, violencia intrafamiliar, herencias y otras situaciones de carácter legal.

Para que no le pase lo de Santo Domingo y se quede trabajando él solito, mi cura párroco está creando una Cáritas Parroquial que pueda ser asumida –en términos de coordinación y responsabilidad– por dos o tres personas laicas que, ayudadas por profesionales en Sociología, Psicología y Derecho, brinden asesoría profesional a la familia. Profesionales que apoyen a familias con problemas de drogas y alcohol, y a familias con dificultades legales.

Así nace una Cáritas Parroquial. Como está haciendo el P. Lucho: identificando necesidades, siendo consciente de las limitaciones, buscando apoyo en las y los laicos, y pidiéndole mucho al Señor que le ayude.

Padre Lucho, le deseamos éxitos en su nuevo propósito. Lo seguiremos acompañando, a medida que esta Cáritas Parroquial vaya creciendo. Y que Dios le ayude a encontrar buenas almas que entreguen su trabajo voluntario en bien de quienes menos tienen.

Amén.

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