Esta tradicional Parroquia de Cuenca antiguamente fue el barrio de los herreros. Hoy es el espacio ideal para que su Cáritas Parroquial salga al encuentro de las personas más necesitadas. El trabajo Pastoral tiene al “Grupo Fraternidad” como punta de lanza de sus proyectos sociales. Fueron los sacerdotes Efrén Ordóñez y Román Malgiartitta quienes dieron el primer impulso que durante 8 años han asumido las voluntarias. El Vergel fue una de las primeras Parroquias en enviar sus proyectos para el Primer Concurso de Cáritas Parroquiales.  

El almacén de ropas comunitarias es uno de los proyectos de la Cáritas Parroquial de El Vergel; la venta de estas prendas genera recursos para la obra social en pro de las personas más necesitadas del sector; los bingos y las rifas complementan la autofinanciar la ayuda que brinda la Cáritas Parroquia.

El “Grupo Fraternidad” se reúne todos los viernes en la tarde. En estos encuentros definen el modelo de intervención pastoral y los procesos que se llevan con las y los beneficiarios. El Grupo está coordinado por Ligia Urgilés: “Tratamos de hacer lo máximo posible con lo poco que tenemos. Nuestra base, nuestro fuerte, es el “Grupo Fraternidad”, que nos reunimos todos los viernes en la tarde. Aquí hacemos labores, tejidos, rezamos, cantamos, tratamos de darles charlas para la autoestima que a veces la tienen muy bajita”.

Los testimonios de gratitud son muchos: Rosa Albarracín, 26 años, uno de sus hijos falleció: “Los padres siempre me han ayudado. Mi hijo tuvo un accidente y desde entonces me han sacado adelante, ayudándome en lo que podían. Allí es donde entra la señora Ligia en este plan, como yo le digo, porque me ayudó a superarme. Yo trabajo en  manualidades y me defiendo. Ella me ayudó cuando yo pasaba sin hacer nada”.

También hemos recogido testimonios de Dolores Maldonado (74 años); doña Lola encuentra consuelo y alegría en la lectura de la Biblia. Daniela León, una niña de apenas 9 años va feliz con su abuelita a las reuniones del “Grupo Fraternidad”. Ligia Urgilés cuenta que son muchas las personas que piden ropa o víveres, pues son muy pobres. La labor humanitaria se proyecta a mujeres abandonadas por sus esposos o parejas, como es el caso de la señora María Rosa. La ayuda psicológica y el calor humano importan mucho en estos casos.

En el Grupo nacen interacciones muy bellas: por ejemplo, Daniela, la niña de 9 años que asiste a las reuniones del Grupo, nos cuenta que les ayuda a las mayorcitas a escribir o a leer, pues por su avanzada edad algunas ya no pueden hacerlo. Pero se puede ahondar más y conocer aportes más profundos: Ligia Urgilés confiesa : “Esta actividad es la que me salvó la vida. Yo estaba con una depresión tremenda hace muchos años a causa de mi divorcio, entonces yo no sabía qué hacer y Dios me cogió de la mano y me trajo a que trabaje en la Parroquia. Nunca pienso que estoy haciendo un favor, más bien ellos me hacen un favor a mí porque me llenan de la gracia de trabajar aquí. Yo soy una persona bendecida”.

 Así, yendo en salida, oliendo a ovejas, pastoreando entre las y los excluidos de esta Cuenca austral, la Cáritas Parroquial de El Vergel nos narra su andar, su labor de caricia de la Iglesia a su pueblo.

Agradecemos su participación en nuestro Primer Concurso de Cáritas Parroquiales y los esperamos el próximo año, en la 2ª. edición de nuestro Concurso. Adelante, “Grupo Fraternidad” de El Vergel: ustedes nos muestran cómo ser con el prójimo, como encontrar el rostro de Jesús en quienes menos han tenido en esta vida. Así se construye el Reino.

 Fotografía vía lamotora.com.ec.

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