Desde hace dos años, la Diócesis de Ambato asumió la administración del Hogar Santa Marianita, que acoge a niñas y niños huérfanos, abandonados y en situación de riesgo, desde recién nacidos hasta los doce años de edad.

Se lo hizo por encargo del grupo de la Sociedad Protectora del Niño Huérfano y Abandonado, institución que dirigía el centro en años anteriores.

Al momento, el hogar acoge a cuarenta niños y niñas, quienes reciben atención y cuidados. Conversamos con Ángel Rodríguez, administrador del Hogar Santa Marianita, quien señala que la institución se sostiene gracias a empresas, organizaciones, grupos de voluntarios, establecimientos educativos y familias que conocen de su labor, y hacen su aporte generoso, a fin de contribuir con las múltiples necesidades del hogar, en función del bienestar de los niños y niñas.

La Diócesis de Ambato también realiza un aporte anual para cubrir la mayor parte de gastos, como son: alimentación, salud, educación, mantenimiento de la casa y servicios básicos, así lo indica Ángel Rodríguez.

Además, el administrador señala que, antes de la pandemia la Diócesis de Ambato a través de Cáritas Ambato, motivó y organizó a cada párroco de las parroquias eclesiásticas y organizó la recolección de donaciones de alimentos e insumos de limpieza y aseo para el Hogar Santa Marianita.

En este tiempo de Covid-19, gracias a las donaciones y generosidad de la comunidad, se ha ido surtiendo todas las necesidades que se han presentado en la casa. Es necesario destacar que, desde el Ministerio de Inclusión Económica y Social MIES, hay una asignación que cubre los pagos de honorarios del personal que atienden a los niños y niñas, entre los que se encuentran: educadores, tutoras, personal técnico, psicólogos, trabajadora social y gestiones de temas legales.

El apoyo y la contribución de la empresa privada en tiempos de pandemia, no decae, al contrario, la Casa Hogar se ha beneficiado de la donación de 10 computadoras que sirve para que los niños y niñas que estudian puedan recibir sus clases virtuales y continúen con su educación.

Para Ángel Rodríguez, es importante que «sigamos inculcando la cultura de la solidaridad e involucrarnos a través de las Cáritas Parroquiales, de las Cáritas de cada una de nuestras diócesis, a través de las Cáritas de nuestras familias, porque en nuestros hogares también podemos ir inculcando la solidaridad, haciendo que nuestros hijos también vayan creando esta cultura del compartir y el amor hacia los más necesitados».

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