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La Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo, (ALDEA), presentó el pasado 31 de enero las cifras de violencia y femicidios que sucedieron contra la mujer durante el año 2023.  En total 321 feminicidios ocurrieron en Ecuador, de los cuales: 128 casos son femicidios íntimos y/o en contextos sexuales, 17 transfemicidios y 172 femicidios en sistemas criminales. Cuatro casos son de mujeres desaparecidas en años anteriores, cuyos cuerpos fueron hallados en el 2023.

Según el informe de ALDEA, la edad más frecuente de las mujeres asesinadas fue de 22 años. Las cifras revelan que los femicidios afectan la vida de mujeres de diversas edades, desde los 0 años (bebés) hasta los 90 años de edad, demostrando que la escalada mortal de la violencia atraviesa todo el ciclo vital de las mujeres.

El informe da cuenta que, 37 víctimas tenían antecedentes de violencia y 8 tenían boleta de auxilio, por lo que al menos 45 pudieron y debieron ser salvadas. Por lo menos 6 mujeres sufrieron abusos sexuales antes de ser asesinadas.

Así mismo, el informe evidencia que “el 42% de los casos, los feminicidas tenían un vínculo sentimental con las víctimas; así, 191 de ellos (38% de los casos), utilizó una arma de fuego para arrebatar la vida de sus víctimas. En el 42% de los casos los feminicidas tenían un vínculo sentimental con las víctimas; 191 de ellos (38% de los casos) utilizó un arma de fuego para arrebatar la vida de sus víctimas”.

Las cifras de violencia que presentó ALDEA no es nada alentador, y por ello, existen organizaciones de la sociedad civil, entidades públicas, privadas, de Iglesia y Ongs, que vienen trabajando varios temas para eliminar la violencia de género contra la mujer, a través de distintas actividades como: capacitaciones, encuentros, programas, proyectos y talleres que contribuyen al desarrollo integral de las mujeres y sus hijos.

Actividades que contribuyen al desarrollo integral de las mujeres y niñas

Cáritas Quito

Desde hace un año, viene desarrollando el programa denominado: “Juntas en el Camino”, que agrupa a mujeres que se encuentran en situación de riesgo de violencia de género, sobrevivientes de violencia de género o víctimas de violencia de género.

El propósito de este espacio es, «fortalecer las redes de apoyo de mujeres que pasan experiencias similares de violencia de género. Los temas que se trabajan, son de forma participativa; en cada sesión, se generan vínculos de confianza, de reconocernos en la otra, conocernos más, y cuestionar algunos aspectos sociales y culturales que pueden estar interrelacionados con la violencia de género, como los mitos del amor romántico”, manifiesta Melissa Moreira, técnica Psicosocial de Cáritas Quito.

El grupo de mujeres que participan de estos talleres, cuentan con el apoyo del área legal de Cáritas Quito donde, “se explica y se socializa las rutas de acción frente a la violencia de género, y las medidas administrativas que deben tomar en cuenta para enfrentar la violencia de género, a donde ir, que hacer y a que entidades acudir. Al ser una red de apoyo, las mujeres se ayudan entre ellas, de pronto alguien no puede ir a su trabajo porque está enferma, una de ellas se convierte en su soporte”.

Las mujeres, que acuden a este espacio, “Juntas en el camino”, han enfrentado diversos tipos de violencia, enfatiza Melissa, quien menciona que “la violencia de género es estructural y ésta y se subdivide en varios tipos de violencia: Psicológica, emocional, económica, patrimonial, génico obstétrica, entre otros y en estos espacios con las mujeres, se descubren los tipos de violencia”.

“Durante ocho meses y cada quince días, se trabajó con este primer grupo de mujeres que participaron de los talleres, las mismas que salieron fortalecidas. Ahora, desde la última semana de febrero del 2024, habrá otro grupo de mujeres que participará de estos talleres, señala Melissa.

“La violencia de género existe, y está en muchos ámbitos de la vida, no solo en el de pareja, sino en lo laboral, en la calle. No estamos solas, siempre juntas y acompañándonos, es mucho más fácil sobrellevar este tipo de violencia. Nos han hecho creer que estamos solas y que somos enemigas de las otras. La sororidad es una clave importante para cuestionar el sistema patriarcal y machista que perpetua la violencia de género. Invitarles a formar estos espacios o buscar apoyo psicosocial y legal que brinda Cáritas Quito”, finaliza Melissa

Testimonios de mujeres que son parte de Juntas en el Camino: 

“Me impacta de manera significativa, la gran cantidad de términos que existen para definir la violencia, porque hay tantas y en muchos de ellos veo el reflejo de todas las mujeres aquí presentes, todas distintas, pero algo en común: la violencia”.

“Patriarcado, término utilizado para describir un término normalizado, en la que los hombres tienen superioridad, así su proceder sea malo”.

“Sororidad es un término que refleja apoyo entre mujeres”.

La Fundación Maqui Mañachi

Es una de las organizaciones que participan del Proyecto Plenitud de Vida, que financia Cáritas Austria y que coordina la Pastoral Social Cáritas Ecuador. Trabaja el tema de la equidad de género y la promoción de los derechos de la mujer, que es una política transversal de la organización, la misma que se ejecuta en Imantag en la provincia de Imbabura y en comunas Tsáchilas de Santo Domingo.

Pablo Albán, técnico de Comunicación de la Fundación Maqui Mañachi, manifiesta que la organización prioriza el trabajo con los adolescentes, porque se moldea la personalidad y construye relaciones con las personas de su misma edad, la capacidad de actuar es mayor que la capacidad de tomar decisiones acertadas. Por ello, es fundamental que, a esta edad, se fortalezcan: valores y actitudes, en especial la equidad de género y la erradicación de la violencia.

“Hay una cultura que reproduce roles tradicionales patriarcales en la familia y comunidad y que establecen como obligatorias las tareas del hogar para las mujeres, que incluye la atención a los varones, hermanos, padres y mayores, para lo cual incluso les excluyen de la educación o el acceso a un empleo calificado o bien remunerado”. Generalmente la violencia física, psicológica y económica son usadas para mantener este status quo. “Sin embargo, en el mundo indígena no hay una cultura de denuncia de parte de las mujeres, por ello no se registran casos en sistema judicial, al que sienten como ajeno u occidental. Pero, tampoco se conoce de casos de justicia indígena aplicada a agresores o abusadores”, dice Pablo.

Es así que, Maqui Mañachi lleva adelante dos programas denominados: Wambra Wasi de Imantag y la Casa del Joven Tsáchila, cada grupo se organiza y fortalecen su participación y liderazgo en la comunidad, estas experiencias, están en marcha desde hace 15 años.

“Una de las temáticas permanentes de capacitación y promoción, son sobre los derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, (NNA) y de las mujeres. Justamente, todos los miembros de los proyectos, tanto beneficiarios como personal técnico, al momento de la integración conocen y suscriben las Normas de Convivencia, esta salvaguarda previene actitudes de discriminación y violencia y establece mecanismos de protección a NNA, mujeres y grupos vulnerables. Este compromiso, impulsa actividades de promoción y capacitación sobre derechos y equidad de género.”, indica Pablo.

Desde hace tres años, Maqui Mañachi en Imantag, es parte de los 16 días de activismo contra la violencia hacia la mujer, que se realiza en el mes de noviembre. Se realizan jornadas de capacitación en conjunto con la Mesa Intersectorial de la Parroquia y el Consejo de Equidad para los jóvenes de Wambra Wasi, con el propósito de que adquieran conocimientos y destrezas suficientes para que puedan replicar el mensaje en otros espacios.

Existe otro espacio para concientizar la necesidad de erradicar la violencia, y es la Feria Ciudadana que se realiza en diciembre, donde acuden los habitantes de la parroquia. Aquí se difunde el protocolo ciudadano e institucional para procesar casos de violencia y abuso contra la mujer y NNA. Estos eventos se difunden en español, en Kichwa y Tsa’fiki, fortaleciendo e integrando la identidad indígena y la autoestima, así como la interculturalidad del Ecuador.

Con el fin de impulsar la equidad de género y los derechos de la mujer, la organización cuenta con una área de trabajo significativa, que se denomina Wampra Wasi Box Gym. Es una iniciativa de los adolescentes y jóvenes que es una alternativa para prevenir la violencia entre los adolescentes. Aquí, se promueve la integración de mujeres en un deporte que aún es considerado propio de hombres. Los resultados son altamente positivos, pues desde que existe el gimnasio, se han conseguido decenas de medallas; la participación de las mujeres ha sido notable, finaliza Pablo Albán.

Centro Integral de la Niñez y Adolescencia (CENIT)

Otra de las organizaciones, que trabaja y vigila para que se respeten los derechos de las mujeres y que de a poco se elimine la violencia, es el Centro Integral de la Niñez y Adolescencia (CENIT), que brinda atención integral a niñas, niños, adolescentes y sus familias, a fin de promover el ejercicio de derechos y la equidad de género. Es una obra de la Congregación de las Religiosas del Buen Pastor, que desde 1991 realiza acciones de apoyo comunitario y desarrollo local en la zona sur de la ciudad de Quito. CENIT también forma parte del Proyecto Plenitud de vida, que financia Cáritas Austria y que coordina la Pastoral Social Cáritas Ecuador. 

Nataly Maila, delegada de comunicación del Centro Integral de la Niñez y Adolescencia, menciona que la institución, proporciona acompañamiento, contención emocional e intervención familiar y psicológica, orientación o asesoría legal en coordinación interinstitucional con entidades públicas, privadas y redes de la cual forman parte como: Warmi Pichincha, Junta de Protección de la Mujer, Casa Matilde, Red VIF SUR, entre otras.

Así mismo, con la finalidad de garantizar el derecho a la salud, especialmente las madres de familia que requieren, reciben atención médica general y ginecológica, psicológica, psiquiátrica, por lo que se realizan las gestiones con las unidades médicas del sector (Centro de Salud la Ferroviaria baja y la Unidad Metropolitana de Salud Sur), indica Nataly.

“CENIT, busca empoderar a las madres de familia jefas de hogar, a través de espacios de formación ocupacional en corte y confección, donde pueden obtener los conocimientos necesarios para iniciar emprendimientos o medios de vida que ayuden a mejorar sus ingresos y a su vez, su condición de vida”, menciona Nataly, quien enfatiza que las mujeres que acuden a la institución son víctimas que enfrentan varios tipos de violencia, entre las que se encuentran la física, psicológica, económica y sexual.

Según Nataly Maila, las mujeres que experimentan diversos tipos de violencia, se fortalecen por medio de talleres de capacitación que el departamento bio-psicosocial planifica y ejecuta, sobre diferentes temas como: autoestima, liderazgo, “camino hacia la igualdad”, comunicación positiva, disciplina aconsejable, analfabetismo emocional, roles de la familia, a fin de que se involucren en los procesos educativos de sus hijos/as y consigan un cambio en las relaciones intrafamiliares.

El Centro Integral de la Niñez y Adolescencia, CENIT, también organiza y participa en eventos o fechas especiales, como es la marcha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, con el fin de concientizar sobre el rol fundamental de la mujer en la sociedad, incluso la equidad de derechos, fortaleciendo la importancia de la educación para mejorar el ambiente familiar y personal de las participantes.

“Construyamos un país donde se niegue a tolerar la violencia a la mujer y que nuestra única arma sea la educación para transformar vidas e impulsar el desarrollo de la sociedad, permitiendo salir de la pobreza y favorecer el crecimiento económico de cada una de las familias ecuatorianas”, finaliza Nataly Maila.

Testimonios de mujeres que son parte del CENIT

“Soy venezolana, vivo con mis dos hijos y mi esposo, cuando vivíamos en Venezuela, allá todo era diferente, mis hijos en la escuela, yo pasaba en la casa, mi esposo no me dejaba trabajar y me dedicaba a mis hijos y a las cosas de la casa. Mi esposo quería venir para Ecuador, por conseguir trabajo porque allá la situación estaba complicada, él me dijo que viajemos todos, mi mamá me decía que no me viniera para acá porque iba a estar sola, pero mi esposo me convenció.

Llegamos acá toda la familia, además mi suegra y cuñado, arrendamos un cuarto; él se puso a trabajar vendiendo cigarrillos, no nos alcanzaba el dinero, yo le dije que voy a buscar trabajo y me puse a trabajar en un local por temporada, pasó el tiempo, el empezó a ponerse celoso, me celaba con su amigo, me gritaba, insultaba “chama como no tiene idea”, un día salimos a bailar, llegamos a casa me pidió que le dé el celular, me lo lanzó al piso y empezó a reclamar que lo engañaba, me empujo y por suerte la mamá entró a la habitación y se lo llevó. Otro día tuvimos una discusión similar, él agarro y me golpeó, me dio una cachetada yo quería salir corriendo de la habitación, pero no me dejaba, cogió un cuchillo y me quería apuñalar, me dijo nos vamos a morir alguno de los dos, le suplicaba me deje salir al baño hasta que accedió con amenazas. Salí y corrí donde la mamá para que me ayude, y esa noche dormí con ella. Al día siguiente él se llevó a mis hijos a Venezuela y me dejó aquí en Ecuador”.

Este es solo uno de los tantos testimonios de mujeres, víctimas de violencia de género, que son amenazadas, separadas de sus hijos e hijas, que acompaña el CENIT.

Es así, que la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo, (ALDEA), que presentó las cifras de violencia y femicidios que sucedieron contra la mujer durante el año 2023, exigió al Estado el pasado 31 de enero, intensificar esfuerzos en la búsqueda de todos los feminicidas prófugos, “exigimos todo el peso de la Ley, para poner fin a la impunidad y erradicar estos delitos de género. Es hora de garantizar la seguridad de nuestras ciudades y comunidades y de garantizar justicia y reparación integral para todas las víctimas de femicidio”.

ALDEA, es responsable del diseño y creación de la base de datos para el monitoreo y registro de femicidios, procesamiento de información y generación de mapas e infografías sobre los feminicidios en el país. Además, desde marzo del 2020, ALDEA optimizó la base de datos y creó una herramienta en línea georreferenciada para agilizar el ingreso, georreferenciación y procesamiento de información sobre los feminicidios en los distintos puntos del país.

La Alianza Feminista para el Mapeo de los Feminicidios en el Ecuador, se constituyó en el año 2017 con varias organizaciones de la sociedad frente a la alarmante cifra de femicidios en el país. Los conforman ALDEA, Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU), Red Nacional de Casas de Acogida a Mujeres Víctimas de Violencia, CEPAM Guayaquil, Alianza por los Derechos Humanos de Ecuador, Movimiento de Mujeres del Oro (MMO) y Movimiento de Mujeres por la Justicia (MMJ).

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