Pastoral de la Mujer, símbolo de crecimiento espiritual y personal

"Yo les digo que si ellas callan, las piedras gritarán" (Lucas 19, 40)

En 1981 se celebró en Bogotá, Colombia, el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Entre muchas otras cosas, allí se decidió que el 25 de noviembre sea el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres. La fecha fue elegida para recordar el asesinato en 1960 de las hermanas Mirabal a manos de la dictadura de Leónidas Trujillo en República Dominicana. Más de una década después, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Pero, como podemos definir la Violencia Basada en Género, como todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada (Asamblea General de las Naciones Unidas,1993).
La violencia basada en género refleja, y además refuerza, la desigualdad entre hombres y mujeres, y pone en riesgo la salud, dignidad, seguridad y autonomía de sus víctimas. Abarca un amplio rango de violaciones de los derechos humanos. Cualquier abuso de este tipo puede dejar profundas secuelas psicológicas y perjudicar la salud en general de las víctimas, incluyendo su salud reproductiva y sexual, e incluso en algunos casos pudiendo llevar a la muerte...

Como lo menciona el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia “Destaco la vergonzosa violencia que a veces se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar y distintas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación.” Actualmente vivimos en un mundo donde varios tipos de violencia amenazan la vida de mujeres y niñas a nivel mundial, la mutilación genital, la desigualdad en el acceso a puestos de trabajo dignos, todas las huellas de culturas patriarcales etc.. Episodios que nos llevan a entender  como a lo largo de la vida el reconocimiento claro de la dignidad de la mujer y de sus derechos ha sido totalmente invisibilizado.

En el Ecuador, según las estadísticas al 2015 de cada 10 mujeres 6 son violentadas, sufriendo mucho más las mujeres indígenas y las afro descendientes en los sectores rurales y urbanos, a pesar de los esfuerzos realizados en el país, la inequidad para las mujeres, en todos los ámbitos tanto laboral como político, económico, social y cultural aún continúa vigente, como lo reconocen el Estado Ecuatoriano, las organizaciones de la sociedad civil y lo perciben las mujeres en su cotidianidad.

Es por ello que ante estas realidades la Iglesia del Ecuador por medio de Pastoral Social Cáritas Ecuador, trabaja por las mujeres y sus familias con la Pastoral de la Mujer, que por más de 35 años ,sigue tejiendo redes de experiencias de las acciones y actividades que realizan permanentemente en busca de una vida sin violencia y así seguir trabajando por el bien común, no sería posible este trabajo sin el aporte de las promotoras Diocesanas, presentes en todo el país, que al transformarse en lideresas comunitarias conviven con una realidad donde el rescate de la dignidad de la persona es una prioridad ,donde el cambio que sustenta la mujer es poder hablar, protestar y sobre todo reclamar sus derechos y a ser escuchadas; tomando la escucha como un ejercicio de liberación y de autoconocimiento para poder iniciar un proceso de sanación del sentido de la vida.

La Pastoral de la Mujer ha sido y será el símbolo de crecimiento espiritual y personal que busca el bienestar de la mujer, de la familia y de la comunidad. Se ha buscado llegar al corazón de la sociedad y en particular de las mujeres ecuatorianas, valorando su dignidad, devolviéndoles su autoestima, potenciando sus capacidades y destrezas y llenándolas del amor de Dios en sus vidas.

 

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