En el marco de la conmemoración del día mundial de los Derechos Humanos que se llevó a cabo el pasado viernes 10 de diciembre en el Vicariato Apostólico de Aguarico de la ciudad de El Coca, las comunidades kichwas y mestizas de las provincias de Orellana y Sucumbíos participaron del festival por los Derechos Humanos denominado Ñukanchi.

Con la tradicional ceremonia «wayusa upina» inició el festival, donde se compartió experiencias de vulneraciones a derechos humanos por parte de las comunidades kichwas aledañas al río Coca, mismas que sufrieron los impactos del derrame de petróleo el 7 de abril de 2020.  Entre ellas, las comunidades rurales de la Vía Auca quienes continúan soportando los impactos de la contaminación de los llamados mecheros de la muerte, así como de la pésima gestión municipal del basurero del cantón en la ciudad de El Coca.

Las comunidades kichwas y mestizas que participaron en el festival llegaron desde diferentes puntos geográficos de la provincia Francisco de Orellana y Sucumbíos, como son: Amarun Mesa, Huayra Urku, Lumucha, San Pablo Norte, San José y Sardinas, Shigüakucha, San Andrés, San Francisco, Playas del Río Coca y Playas del Río Tigre.

Durante el festival se escucharon diversas intervenciones de los lideres y lideresas de las comunidades afectadas.  Se vivieron momentos de reflexión y se compartió con los asistentes los clamores de estas comunidades, quienes exigen su derecho a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, su derecho a la salud, a la alimentación y al agua. 

Cada delegación pudo compartir las experiencias vividas por los efectos del derrame de petrolero de abril 2020, la quema de gas en las comunidades y la presencia del basurero en el cantón Coca, el mismo que contamina con lixiviados las aguas de los ríos locales, impidiendo el uso para consumo humano, de animales de cría e incluso para riego de los cultivos, afectando así la vida en estos territorios.

Diversos testimonios se escucharon por parte de las comunidades quienes expresaron su sentir respecto a los impactos de la contaminación ambiental en estas provincias amazónicas. Con carteles, gritos y cantos expresaron su angustia ante la grave situación que están viviendo. «El río ahora está muerto, ya no se puede pescar en él y lo poco que hay tiene sabor a diésel».

  • «Antes podíamos bañarnos en el río, sin miedo a nada y ahora hasta nos da miedo porque nos puede salir granitos en la piel».
  • «Desde que pusieron ese mechero cerca, a muchos nos causa dolores de cabeza».
  • «Los olores que vienen de ese basurero han ocasionado que nuestras vacas se mueran porque toman esa agua contaminada».

Los asistentes corearon consignas como: ¡por la defensa de los derechos humanos! ¡por el derecho al agua! ¡por el derecho a vivir en un ambiente sano! ¡Tenemos derecho a una buena alimentación para tener una vida digna y en abundancia rechazando la cultura del descarte!

La jornada finalizó con una celebración eucarística presidida por monseñor Adalberto Jiménez, obispo de Aguarico, quien destacó el compromiso de «una iglesia en salida para defender la vida y promover los derechos humanos de los más vulnerables y oprimidos por las relaciones de poder que los empobrecen».

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