“Paren la guerra! Nosotros no queremos quedarnos en Europa; solo paren la guerra”. Este es el pedido de un niño sirio, de apenas 13 años, detenido por la policía húngara en Budapest, luego de haber pasado por Rumanía y Serbia y ser detenido en una estación de trenes para impedirle encontrar refugio en Europa Central.

Este niño se llama Kinam Maslmeh y su pedido ha calado hondamente en la comunidad internacional. Y es también el motivo de inspiración para esta reflexión que hace el analista José Luis Pinilla Martín para la revista “Entre Paréntesis” de Madrid.

Su artículo, “La pirámide invertida”, parte de la metáfora que hace el papa Francisco: “La Iglesia es una pirámide invertida en la que la cumbre está debajo de la base, la autoridad es un servicio, su poder es la cruz y el obispo de Roma no está por encima de la Iglesia, es un bautizado entre los bautizados y como sucesor de Pedro es el siervo de los siervos de Dios que expresa la fe de toda la Iglesia”.

Este llamado del Papa a los Obispos a servir la extiende el periodista español a la clase política que nunca ha tenido en cuenta a los migrantes en las mesas en las que se define su destino. Jamás ha estado los migrantes en esas mesas internacionales que deciden el futuro (o la muerte) de miles de refugiados.

En la actual crisis siria, son más de 2.000 las personas muertas en el mar Mediterráneo, tratando de huir de la guerra; y su voz no está en estos grandes encuentros gubernamentales. Los medios de comunicación encuentran voceros de esta crisis en niños desesperados como Mansalmeh.

Sobre la invisibilización de los migrantes, este párrafo dice mucho: “Es decir los migrantes están en las antípodas del poder. Hablan de ellos , deciden sobre ellos, se aprovechan de ellos. Pero sin “ellos”.  Es decir, en una forma trágicamente asimétrica. Occidente  decide que hacer sorbe Eritrea, Siria, Irak, etc y su gentes. Nunca les han invitado a la mesa de negociaciones”, insiste con vehemencia el periodista ibérico.

“Quizás sea el momento de oír en la mesa de las grandes decisiones políticas europeas o norteamericanas, la voz de los refugiados cristianos machacados en algunos países de Oriente medio”, reclama en su nota José Luis.

Ecuador es uno de los países del mundo con mayor cantidad de personas refugiadas, asiladas, establecidas irregular o regularmente; también están los retornados en este colectivo de movilidad humana. La Iglesia ecuatoriana ha dado muestras claras de su interés por la vida digna de estas personas que, en su gran mayoría, han tenido que migrar forzosamente. Son muchas las ONGs que en el país laboran cristianamente, con un enfoque humano, sustancialmente digno y justo.

La reflexión de José Luis es un llamado no sólo a las autoridades gubernamentales y eclesiales sino también a todas y todos los feligreses y a toda la población civil. Aunque no podamos hacer las leyes que rigen la movilidad humana, nuestra actitud cuenta. Migrar es un derecho y, como tal, debemos reconocernos: Ecuador es un país que acoge

Lee aquí el artìculo y mira el vídeo 

Imagen: campo de refugiados sirios en la frontera  turca (www.nationalgeographic.com.es)

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